No hay fórmula mágica para inmigrantes: Clinton

   

13 de junio de 2006

Washington - El ex presidente de EEUU Bill Clinton aseguró hoy que no hay una "solución perfecta" o "totalmente satisfactoria" sobre la reforma de las leyes migratorias estadounidenses y apostó por una nueva normativa realista y humana.

La inmigración "es el ejemplo de la interdependencia global" con sus consecuencias positivas y negativas, dijo hoy el ex mandatario en una conferencia organizada por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Fue una intervención en formato de entrevista, en la que el encargado de hacer las preguntas era el presidente del BID, Luis Alberto Moreno, quien se interesó por la opinión de Clinton sobre la polémica reforma migratoria que se debate en EEUU. Según el ex presidente, todos los inmigrantes que viven en territorio estadounidense, ya sea de forma legal o ilegal, trabajan, lo que significa que pagan impuestos y, en muchos casos, que envían dinero a sus familiares.

No obstante, subrayó que no existe una fórmula mágica para abordar la situación de los varios millones de personas que residen de forma ilegal en el país, pero dejó muy claro que la solución no pasa por deportarles como si se tratase de criminales, ni de penalizar a los empresarios que los contraten.

Esa es una propuesta recogida en un proyecto legislativo aprobado por la Cámara de Representantes de EEUU que, según Clinton, no sólo es "moralmente cuestionable" sino que representa una "locura".

En su opinión, el presidente de EE.UU, George W. Bush, es consciente de ello, entre otras razones porque procede del estado fronterizo de Texas, y por ello se ha opuesto a las posturas más extremistas de los legisladores de su propio partido, el Republicano. Al margen de la inmigración, Clinton habló de la situación general en Latinoamérica y el Caribe y de la "enorme capacidad" de la región para generar crecimiento y riqueza.

El principal reto de los gobernantes latinoamericanos consiste, a su juicio, en combinar una serie de medidas para lograr movilizar a la población que vive en condiciones de pobreza hacia la clase media.

Clinton subrayó que eso no se consigue sólo con una política fiscal responsable, con mayor gasto social o con comercio, sino que es necesario prestar más atención a la microeconomía y a crear las condiciones necesarias que permitan a la gente tener oportunidad de, por ejemplo, crear una empresa.

Orador
El ex gobernante fue el orador principal en la segunda y última sesión de la conferencia organizada por el BID, con motivo de la presentación de una nueva iniciativa de desarrollo, denominada "Construyendo oportunidades para la mayoría".

Esa iniciativa se dirige al 70 por ciento de la población del hemisferio occidental que sobrevive con 300 dólares o menos al mes, recordó hoy Moreno.

En el mismo evento han intervenido personalidades de la talla del economista Hernando de Soto, el cardenal hondureño Oscar Andrés Rodríguez Maradiaga, el presidente de Telmex (Teléfonos de México) Carlos Slim, y el titular de la Fundación "Un ordenador por niño" Nicholas Negroponte, entre otros.

Durante los debates se discutió un informe elaborado por el organismo que preside De Soto, el Instituto Libertad y Democracia (ILD), según el cual el valor del "capital muerto" asciende a 1,2 billones de dólares en los 12 países latinoamericanos que cubre el estudio.

Se trata de Argentina, Bolivia, Colombia, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Haití, Honduras, México, Panamá, Perú y República Dominicana.

El "capital muerto" son activos (viviendas, propiedades rurales, empresas) que no pueden utilizarse en transacciones económicas formales, porque no están reconocidos o no cumplen con todos los requisitos legales.

Según ILD, casi 92 por ciento de las empresas, 76 por ciento de las propiedades rurales y 65 por ciento de las viviendas en los 12 países analizados están en el sector informal.

En cuanto a las barreras para formalizar la propiedad, el estudio halló que el proceso para comprar, registrar, titular y obtener permiso de construcción para un terreno lleva 101 días y cuesta 1.040 dólares en El Salvador, donde funciona uno de los mercados más dinámicos de la región.

En contraste, en Guatemala el mismo proceso puede tardar 4.307 días (casi 12 años), con un costo de 9.312 dólares.

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