México se divide de cara a las próximas elecciones

   

25 de junio de 2006 

La democracia ha sido buena para México al materializarse en flamantes coches nuevos con préstamos a bajo interés, conjuntos de casas similares subsidiadas por el gobierno y apiladas como fichas de dominó y un estridente sistema político en que todos tienen voz.

Lejos están las crisis que pulverizaban a la moneda nacional, las elecciones con trampas, el congreso condescendiente al mandatario en turno. En la década anterior, la evolución política de México ha desbaratado monopolios, ha vuelto a los políticos más responsables con la población y atraído inversiones extranjeras desde Citibank hasta las donas Krispy Kreme.

Pero la democracia también ha dado origen a un caos legislativo que estancó las necesitadas reformas, a una tibia ofensiva contra los narcotraficantes que sólo desató una cruenta guerra entre éstos por el control de las rutas, y a una nación colmada de contrariados electores que algunas veces añoran un sistema político autoritario que al menos hacía las cosas.

En una encrucijada dos semanas antes de elegir a su nuevo gobernante, los mexicanos están divididos a la mitad entre un izquierdista que se ofrece como el salvador de los pobres y un candidato de un partido conservador que promete mantener la línea fiscal que lleva México.

La decisión de los electores determinará si el país se pliega a la tendencia izquierdista en América del Sur, o profundiza las reformas de libre mercado y su ya estrecha alianza con Estados Unidos. Quien gane tendrá que atraer la atención de un presidente estadounidense preocupado por Irak, y luego hacerlo de nuevo dos años más tarde después de las elecciones al norte de la frontera.

Por lo pronto, los mexicanos han experimentado la democracia el tiempo suficiente para ser un poco displicentes hacia ese sistema.

Hace seis años, una euforia nacional dio la bienvenida a la histórica victoria de Vicente Fox, que puso un súbito y sorprendente fin a 71 años de gobierno del Partido Revolucionario Institucional (PRI). Los mexicanos creían que todo era posible. Muchos esperaban que por fin el país intercambiaría sus muchas riquezas —reservas petroleras y minerales, kilómetros de impresionantes costas, una subutilizada fuerza laboral— por un lugar en el primer mundo.

Hoy están decepcionados de la realidad. Aunque la economía del país se encuentra estable, gracias a un banco central fuerte y a la integración de México a la economía mundial, el presidente Fox no creó los millones de empleos que prometió y los salarios son todavía demasiado bajos —el salario mínimo es de 47,05 pesos (cuatro dólares) al día— para los muchos que tienen que vivir con esa cantidad.

La constitución prohibe a los presidentes buscar la reelección, y el actual mandatario planea retirarse a su hacienda en el centro de México luego que su reemplazo sea investido el 1 de diciembre.

Es muy probable que el ganador sea o el conservador Felipe Calderón del Partido Acción Nacional (PAN), al que pertenece Fox, o el izquierdista Andrés Manuel López Obrador, del Partido de la Revolución Democrática (PRD).

Ambos libran una agresiva batalla en la que se critica acremente al adversario, acusándose mutuamente de tráfico de influencias y de robo de fondos gubernamentales para sus campañas.

Calderón dice que López Obrador sería peligroso para México. Incluso difundió propaganda con ataques en los que compara al político que viste guayabera —un tipo de camisa típica de la península de Yucatán— y nació en un estado rico en petróleo, con el presidente Hugo Chávez de Venezuela, que se ha caracterizado por sus tendencias izquierdistas.

López Obrador dice que Calderón, ex secretario de Energía de Fox, representa más de la misma e ineficiente burocracia que satisface a los ricos.

Con el despreocupado lema de campaña “Sonríe: Vamos a ganar”, López Obrador, que cobró popularidad como jefe de gobierno de la Ciudad de México, ha recorrido el país, adornado con flores y regodeándose en los miles de simpatizantes que portan broches de campaña con una carita sonriente.

Calderón ha pasado de la rigidez a la soltura al desarrollar un estilo relajado y detenerse a menudo a conversar brevemente con electores. Sus seguidores lo aclaman levantando ambas manos, un saludo a su lema de campaña de “manos limpias”.

Las encuestas colocan a los dos candidatos en una competencia pareja. Los mexicanos, tradicionalmente pasivos si acaso no resignados, están divididos entre los dos extremos opuestos. Algunos temen hechos de violencia si no hay un ganador evidente.

Tomado de IBLNEWS

 
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