Salvadoreños buscan integración sin olvidar visiones estratégicas

   

27 de junio de 2006
Redacción Proceso Digital   

Tegucigalpa - Por su importancia en política exterior, a continuación reproducimos el editorial del Diario de Hoy en el que se deja establecida la búsqueda de acuerdos convenientes y políticas integracionistas y regionales y además, se deja entrever, de manera clara, la visión salvadoreña de que el conflicto marítimo con Honduras deberá ser objeto de negociación y, además, señalan como “cuestionable” la sentencia de la Corte Internacional de Justicia que permitió a Honduras recuperar una importante parte de sus territorios.

En la frontera funciona la realidad

La frontera entre El Salvador y Honduras es una zona que tiene vida propia, más allá de todos los problemas sufridos. Muy atrás ha quedado ya la “guerra de las 100 horas”, que en 1969 se desató por efecto de la persecución que sufrían en Honduras los salvadoreños que por entonces tenían a dicho país como destino principal de emigración. En octubre de 1980 se suscribió el Tratado General de Paz, y en septiembre de 1992 una cuestionable sentencia de la Sala Especial de la Corte Internacional de Justicia le otorgó a Honduras la mayor parte de las tierras en disputa. Y en enero de 1998 se suscribió una Convención para garantizar los derechos legales de salvadoreños y hondureños que quedaron respectivamente en el otro país.

El viejo conflicto limítrofe se ha ido resolviendo, y ahora sólo queda pendiente el tema de los espacios marítimos en el Golfo de Fonseca, que tendrá que resolverse por la vía de la negociación. En cuanto a la situación actual en las áreas terrestres, el punto es garantizar los derechos de los pobladores, tal como se estableció en la Convención de 1998. El punto de la nacionalidad es uno de los más delicados, y el reconocimiento de la libertad individual al respecto es fundamental. Como empieza a verse en los hechos, la solución de la doble nacionalidad es la más conveniente y realista, sobre todo en una zona donde los intercambios de toda índole son constantes y fluidos.

En realidad, una zona fronteriza como ésta tiene sus propias condiciones, y lo que hay que hacer es viabilizar la comunicación, que siempre ha sido intensa y constante. Dentro del trabajo de la Comisión Nacional de Desarrollo, por ejemplo, están activas 5 comisiones binacionales formadas por alcaldes de El Salvador y de Honduras, para tratar temas comunes muy concretos. Hay que impulsar la conectividad y crear más puestos fronterizos para agilizar trámites variados. De lo que se trata es de favorecer la interrelación que ya existe.

Hay que apresurar la integración

A fines de los años 60, el conflicto entre Honduras y El Salvador le dio el tiro de gracia al Mercado Común Centroamericano, que venía estando en crisis por otras razones, como los caprichos del tirano Somoza. Aquel Mercado fue, a pesar de todo, el primer experimento integracionista regional, que sirvió de precedente a experiencias en otras regiones. 40 años después, Centroamérica está de nuevo en intenso trance integrador, y esta vez con más seguridad de avanzar, porque el proceso ya no depende de las voluntades nacionales, siempre tan volátiles y atadas a intereses coyunturales, generalmente mezquinos, aparte de que grandes poderes como el de Estados Unidos por mucho tiempo creyeron que nuestra integración iba contra sus conveniencias geopolíticas. Hoy el impulso viene de la realidad internacional misma, que nadie gobierna por sí solo.

La sana lógica integracionista implica ir limpiando la mesa de conflictos interregionales, como viene ocurriendo afortunadamente entre El Salvador y Honduras, a la vez que prepararse en colaboración para la competitividad que traen consigo los nuevos tiempos, con fenómenos inimaginables hasta hace poco como el TLC con Estados Unidos y el eventual Acuerdo de Asociación con Europa.

Tenemos que avanzar además en proyectos concretos, como la interconexión eléctrica y los grandes proyectos conjuntos, como el desarrollo tripartito del Golfo de Fonseca, que es una de las áreas geográficas con más futuro en el Pacífico americano. Lo más importante, entonces, es superar todo coyunturalismo limitador para avanzar juntos en las visiones transformadoras.

 

 
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