“Narco-violencia" y protestas obreras anteceden elección mexicana

   
28 de junio de 2006 

México - La violencia de los narcotraficantes, que este año deja más de 700 muertos, y las protestas de sindicalistas descontentos con el Gobierno han tensado la campaña electoral mexicana, sobre la que también se cierne la sombra del dinero sucio.

En vísperas de los comicios presidenciales y legislativos del 2 de julio, la Administración de Vicente Fox anunció que unos 340.000 policías estarán disponibles para cuidar la jornada electoral, aunque excluyó que la violencia y las protestas obreras puedan ponerla en riesgo.

El ministro de Seguridad Pública, Eduardo Medina Mora, y otros altos funcionarios federales dijeron que la campaña criminal atribuida a los cabecillas de la droga "se focaliza en ciertas regiones" de México, por lo que no representa una amenaza para el proceso electoral.

Narcotraficantes rivales se enfrentan a menudo en las ciudades de Nuevo Laredo, Ciudad Juárez y Tijuana, fronterizas con Estados Unidos, y en localidades de los estados de Michoacán, Sinaloa (oeste) y Guerrero (sur), con un armamento en muchos casos superior al de la dispersa y mal entrenada fuerza policial mexicana.

Varios jefes policiales y agentes rasos han caído en los últimos meses bajo el fuego de los jefes de la cocaína y la heroína, lo mismo en Nuevo Laredo, colindante con la ciudad estadounidense de Laredo (Texas), que en el balneario de Acapulco (Guerrero), consideradas dos importantes plazas electorales.

Aunque el Gobierno lo niega y las autoridades electorales lo soslayan, diversos analistas consideran que los traficantes de cocaína y heroína han hecho una demostración de fuerza en los últimos meses para comunicarle de antemano al próximo gobierno que detentan el poder en diversa regiones de México.

Los ciudadanos acudirán a las urnas este domingo para elegir al sucesor de Fox, a cuatro gobernadores de otros tantos estados y a decenas de alcaldes, entre ellos el de Ciudad de México, así como para renovar al bicameral Congreso Federal y diversas legislaturas regionales.

Según las encuestas, los candidatos con mayores posibilidades de suceder a Fox son el izquierdista Andrés Manuel López Obrador, el oficialista Felipe Calderón y Roberto Madrazo, del Partido Revolucionario Institucional (PRI), que gobernó México de forma ininterrumpida entre 1929 y 2000.

López Obrador, ex alcalde de la capital del país; Calderón, ex ministro de Energía y ex jefe del oficialista Partido Acción Nacional (PAN, conservador), y Madrazo, antiguo gobernador del sureño estado de Tabasco y ex presidente del PRI, han prometido poner a raya al crimen organizado, aunque con matices distintos.

Los tres coinciden en la necesidad de depurar y unificar las fuerzas policiales antidrogas, pero López Obrador se muestra más favorable que sus rivales a darle facultades al Ejército para neutralizar a los delincuentes, cuyas acciones también preocupan al Gobierno de EEUU, el mayor consumidor de drogas del mundo.

Según la prensa mexicana, Washington también teme que los narcotraficantes puedan inyectar millones de dólares en la campaña electoral de México para comprar de antemano las conciencias de algunos líderes elegidos.

La violencia y la posible infiltración de dinero sucio en las campañas proselitistas no son las únicas sombras del proceso electoral, pues miles de maestros, mineros y otros trabajadores han salido a las calles en demanda de mejores salarios y en rechazo la supuesta intromisión del Gobierno en la autonomía de los sindicatos.

El Ejecutivo excluye que la protesta de los mineros y otros trabajadores sindicalizados, que desconvocaron un paro nacional anunciado para hoy, pueda poner en riesgo las elecciones presidenciales, que se anticipan como las más reñidas de la historia reciente del país. EFE

 
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