Un
objetivo que se antoja difícil y demasiado arriesgado,
una vez que Israel advertiera hoy que disparará contra
cualquier vehículo que se aventure más al sur del
río Litani, que discurre a unos 30 kilómetros de
la frontera.
Aviones
de combate judíos lanzaron esta tarde miles de octavillas
con esta advertencia sobre el sur libanés, donde las condiciones
son ya desesperadas.
"La
situación es cada vez más desalentadora. Primero
destruyeron el único puente que quedaba practicable. Ahora,
nos amenazan. La situación allí abajo comienza a
ser muy crítica", aseguró a Efe un responsable
de la Cruz Roja libanesa.
La
portavoz del Programa Mundial de Alimentos (PMA), Christiane Berthiaume,
subrayó, por su parte, que la inseguridad y los daños
que han sufrido algunas de las principales rutas del país
en los últimos días han obligado a su organismo
a examinar otros modos de hacer llegar la asistencia a las víctimas.
Berthiaume
precisó que el antiguo puerto fenicio de Tiro está
"totalmente aislado" del resto de Líbano y que
la vía marítima parece la única alternativa
viable para llegar hasta allí.
Además,
al hecho de que tramos enteros de carretera hayan quedado intransitables
tras los bombardeos judíos, se suma que los chóferes
"cada vez tienen más reticencias para desplazarse
hasta esa región", explicó.
El
Programa Mundial de Alimentos (PMA) indicó, en la misma
línea, que otra de las opciones que se barajan es que la
Fuerza Interina de las Naciones Unidas para el Líbano (FINUL)
reconstruya el puente del sur, aunque para ello trata antes de
lograr garantías de Israel de que no serán atacados.
"Hasta
el momento, no hemos conseguido estas garantías",
dijo a Efe Amr Dawdi, doctor adscrito al PAM.
Pero
no solo el fantasmagórico sur, escenario desde hace un
mes de bombardeos diarios, comienza a agonizar.
La
destrucción de puentes, viaductos y carreteras en el norte
ha dejado sin suministro de combustible al país y en una
posición muy complicada Beirut.
En
la capital, es tarea casi imposible hallar una estación
de servicio abierta y las pocas que todavía funcionan,
solo suministran 20 litros de gasolina a los desesperados conductores,
que esperan durante horas bajo el sol.
La
mayoría de los libaneses, experimentados ya en los rigores
de la guerra tras más de 25 años de permanente conflicto,
comienzan a verse obligados a hacer uso de los bidones que pudieron
acopiar durante los primeros días de esta nueva confrontación.
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"Restrinjo
al máximo nuestros desplazamientos. La gasolina no
es únicamente para el coche. Tengo varios generadores
para mantener la electricidad de mi casa y de mi comercio",
asegura Goerge Jury, un comerciante del acomodado barrio
de Hamra, en el centro de la capital. |
La
situación es especialmente dramática en los hospitales,
donde de seguir el asedio, deberán empezar a pensar en
cerrar sus puertas a partir del próximo fin de semana.
"Tenemos pacientes de los que no sabes que futuro les espera.
Su vida depende de máquinas que necesitan electricidad
para funcionar", aseguró un doctor del hospital americano
de Beirut.
El
Líbano está a la espera de que la Fuerza Naval israelí
ofrezca una garantía escrita de que no atacará exigida
por dos petroleros que esperan para entrar en puerto con 87.000
toneladas de combustible.
Otra
de las grandes preocupaciones es asegurar el alimento para el
cerca de un millón de desplazados que se hacinan en escuelas
y casas de familiares en Beirut, y en las verdes montañas
del norte del país.
Hasta
la fecha, el PMA ha conseguido repartir en el Líbano cerca
de 404 toneladas de alimentos, suficientes para garantizar la
comida a 130.000 personas durante una semana.
"El problema es cada vez hay menos gasolina y cada vez menos
chóferes se aventuran a conducir. Algunos convoyes quedan
bloqueados en la frontera con Siria, incapaces para poder avanzar",
aseguró un portavoz de la Cruz Roja libanesa. EFE