La penúltima batalla del comandante
   

10 de Agosto de 2006 
Redacción Proceso Digital 

La Habana - Ni sus enemigos, ni la caída del bloque soviético, ni las crisis del régimen. Ha sido una grave operación la única capaz de apartar del poder temporalmente a Fidel Castro, tras conducir la revolución cubana durante medio siglo convertido en uno de los personajes más polémicos del mundo.

Por primera vez en la historia de Cuba, el 31 de julio, al filo de los 80 años, Castro, la persona que más tiempo lleva en el poder en occidente con excepción de la Reina Isabel de Inglaterra, delegó provisionalmente sus cargos de Comandante en Jefe, Secretario del Partido Comunista de Cuba y Presidente del Consejo de Estado en su hermano Raúl, mientras convalece de una intervención intestinal.

Durante 47 años ha conducido el destino del único país comunista del hemisferio occidental con la estrategia guerrillera que aprendió durante su lucha en la sierra y haciendo gala de un enorme carisma y una extraordinaria habilidad política para sacar ventaja incluso de los fracasos.

Enfundado en su uniforme verde olivo, el único estadista sobreviviente de la guerra fría no ha bajado nunca la guardia ni ha dejado que los acontecimientos le tomen por sorpresa.

Hace meses que él mismo sacó a la palestra el tema de la sucesión, considerado un tabú en la isla, y advirtió sobre la necesidad de garantizar el futuro de la revolución, ahora, temporalmente, en manos de su hermano Raúl, arropado por un núcleo de seis hombres fuertes del Partido y el gobierno.

Pocos podían imaginar que el hijo de un emigrante gallego enriquecido a la sombra de las multinacionales norteamericanas en Birán -donde nació Castro el 13 de agosto de 1926-, una de las zonas más empobrecidas del oriente cubano, pudiera liderar una revolución comunista capaz de medirse con EEUU, el país más poderoso del mundo.

"Esté donde, cuando y con quien esté, Fidel Castro viene a ganar. No creo que haya peor perdedor en todo el mundo", escribió sobre él su amigo y premio Nobel de Literatura colombiano Gabriel García Márquez.

De carácter fuerte y decidido, Castro mantiene todavía la influencia de sus años de estudio con los jesuitas y una excepcional capacidad para aprovechar las oportunidades y transformar los reveses en éxitos políticos.

Buena prueba de ello fue el fracaso al asalto al cuartel de Moncada, en Santiago de Cuba, -en 1953, considerado el inicio de la revolución-, que se convirtió en la primera "victoria moral" de los rebeldes y catapultó a Castro a los medios internacionales.

La misma habilidad demostró durante su lucha en la sierra y en enero de 1959, tras el triunfo de la revolución.

En la mente de muchos cubanos se mantiene la imagen del joven Castro dirigiéndose victorioso a las masas tras entrar en La Habana con una paloma posada sobre su hombro.

En un país con una importante influencia de la religión afrocubana, la escena se interpretó como una señal y alimentó la leyenda sobre su "aché" (suerte) que no ha dejado de crecer.

Suerte, por ejemplo, y una estrecha vigilancia de sus equipos de seguridad, ha necesitado para salir ileso de los más de 600 atentados que, según la versión oficial, ha sufrido en estos casi 50 años.

Para no dejarlo todo a la suerte, Castro mantiene algunas de sus viejas costumbres de la clandestinidad. No se sabe a ciencia cierta dónde vive, se dice que duerme en distintos lugares y no se informa sobre sus movimientos ni sobre sus viajes al extranjero.

El mismo ha declarado que va armado y tiene buena puntería, aunque reconoce que tras la caída que sufrió en octubre de 2004 ha perdido algo de "punch" en su mano derecha que compensa fortaleciendo la izquierda.

El hermetismo que rodea a su vida privada contribuye a alimentar las especulaciones.

En una conversación mantenida con Tomás Borge, uno de los fundadores del Frente Sandinista para la Liberación Nacional de Nicaragua, explicaba que "la única cosa que me reservo para mí es mi vida privada (...) Creo que la vida privada de una persona no debe utilizarse para la publicidad ni en política".

Apenas hace unos años comenzó a hacer discretas apariciones públicas su compañera Dalia Soto del Valle, maestra de profesión, cuya relación con Castro data de hace más de 40 años.

Rubia, de ojos verdes, Dalia se deja ver ocasionalmente con alguno de sus hijos, aunque nunca al lado del líder cubano, con quien tiene cinco hijos: Alexis, Alex, Alejandro, Antonio y Angel.

Castro tiene además otro hijo varón, Fidel, su primogénito, fruto de su matrimonio con Mirta Díaz Balart, y una sola hija, Alina, que nació en 1956 durante su relación con Natalia Revuelta.

En medio de este hermetismo sobre su vida privada, pocos pueden imaginarle disfrutando de placeres tan sencillos como cocinar, pescar o leer el Quijote, su novela favorita. EFE

Fidel Castro: vida en imágenes

 
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