La
investigación se ha puesto en marcha a raíz de las
denuncias de varias organizaciones sociales y de la ONU, que acusan
a Israel de haber empleado bombas de ese tipo, también
llamadas de fragmentación, en el reciente conflicto de
34 días contra Hizbulá.
"Estamos
analizando esas alegaciones y veremos adonde nos llevan",
declaró hoy un portavoz del Departamento de Estado.
Según
el portavoz, Gonzalo Gallegos, la investigación se centrará
en aclarar si esas bombas fueron realmente utilizadas y, en caso
afirmativo, "cómo se usaron y cuáles fueron
sus objetivos".
El
gobierno estadounidense se ha tomado muy en serio las acusaciones
lanzadas contra Israel a este respecto, aseguró.
Son
acusaciones vertidas por organizaciones como Handicap International,
una ONG que anunció hoy que está entrenando a expertos
libaneses en la desactivación de esos artefactos.
Esta
organización recordó que el Centro de Coordinación
de acción antiminas de la ONU identificó en Líbano
a 22 víctimas de este tipo de bombas y 51 zonas bombardeadas
con esa munición, que cuesta anualmente la vida a miles
de civiles inocentes en todo el mundo.
Cada
bomba de fragmentación o de racimo contiene bombas más
pequeñas, muchas de las cuales no explotan enseguida, por
lo que quedan activas en el terreno y se pueden llegar a convertir
en un objeto atractivo para niños, ya que suelen estar
pintadas de colores muy llamativos. EFE