Johnny
René Reyes, de 25 años; René Martínez
Alvarado, de 24, y Alberto Jonathan Martínez Martínez,
de 22 años, son los tres hondureños responderán
ante la justicia nicaragüense por la presunta autoría
de los delitos de homicidio frustrado y lesiones en perjuicio
de Manuel de Jesús Mendieta Martínez, de 42 años,
y Víctor Manuel Ortiz Gutiérrez , de 16.
Mientras,
los otros 132 hondureños --entre hinchas y jugadores--
fueron puestos en libertad ayer por las autoridades policiales
de Tipitapa, quienes se los entregaron a la cónsul de Honduras
en Nicaragua, Jacqueline Abudoc, que junto al jefe de la Policía
de esa ciudad, subcomisionado Manuel García, acompañó
a sus compatriotas hasta el puesto fronterizo de “Las Manos”.
Entre
los 138 detenidos había 14 damas y 124 varones, también,
tres fanáticos del equipo esteliano, Real Estelí
--Álvaro Gómez, Alirio Cruz, y un tercero identificado
únicamente como Isaac--, que viajaron hasta Diriamba junto
con los fanáticos del Olimpia
Cómo
fueron los hechos
De acuerdo con versiones policiales, de periodistas hondureños
y de los hinchas del Olimpia, la batalla comenzó cuando
supuestamente aficionados del Diriangén intentaron quitarles
una manta que los primeros portaban.
Al
salir del estadio, alrededor de 800 espectadores comenzaron a
agredir a los fanáticos y jugadores del Olimpia, aseguró
la portavoz de la Policía en Carazo, subcomisionada, Marisol
Aburto Jaez.
Aunque
los enfrentamientos entre las dos barras comenzaron a la salida
del estadio, los principales hechos de violencia se dieron cerca
del Reloj de Diriamba, donde la batalla fue más intensa,
y resultaron heridos el profesor Manuel Mendieta Martínez,
quien a esa hora se dirigía hacia su casa, y el menor Víctor
Ortiz Gutiérrez.
Según
las investigaciones hechas por la Policía, Alberto Jonathan
Martínez es el dueño del revólver, y quien
disparó e hirió a Mendieta. Después Alberto
le pasó el arma a su primo René Martínez
Alvarado, quien golpeó con la cacha del revólver
a Ortiz y disparó contra un tercero, a quien hirió
en el hombro izquierdo.
El
tercer hondureño que quedó preso, Johnny René
Reyes, se encargó de esconder el arma en la parte trasera
de uno de los buses en que viajaron los fanáticos hondureños,
explicó una fuente policial.
Los
fanáticos hondureños, durante su estadía
en el comando policial de Tipitapa, tuvieron que pagar la comida,
gaseosas y varias cajas de cerveza que consumieron al pasar por
una comidería en el lugar conocido como Las Playitas, donde
hicieron la “leonesa” (es decir, comieron y no pagaron)
cuando viajaban de Honduras a Diriamba.
“Anoche
(jueves) entre todos reunieron de peso en peso y de chelín
en chelín, los casi cinco mil córdobas que quedaron
debiendo cuando pasaron por Las Playitas, comiendo de todo y sin
pagar”, confirmó un jefe policial.
Los
fanáticos “catrachos” también fueron
acusados de haber arrasado con las fritangas (comida callejera),
que encontraron a su paso cuando salían de Diriamba, porque
incluso cazuelas y hasta mesas habrían ocupado como escudos
cuando se enfrentaron a enardecidos fanáticos diriambinos,
molestos por la derrota del equipo local.
Niegan deceso
Mientras, en la entrada al hospital “Lenín Fonseca”,
los hermanos de Manuel Mendieta Martínez se encargaron
de negar versiones extraoficiales que circularon ayer al mediodía,
donde se aseguró que éste había muerto.
“Mi
hermano no está muerto. Las personas que han dicho que
él está muerto están causando un gran problema
a nuestra familia”, aseguró Manuel Antonio Martínez,
hermano de Manuel de Jesús.
Los
parientes del docente dijeron que éste comenzó a
mostrar signos de mejoría la mañana del viernes,
después que fue operado la noche anterior, aunque su estado
sigue siendo delicado
Armas y pólvora
Llama la atención que la barra hondureña introdujo
al estadio todo lo que le dio la gana, porque las medidas de control
no funcionaron para nada. Hay que recordar que en Nicaragua está
prohibido introducir pólvora a los estadios desde que sucedió
el lamentable suceso de Estelí, donde un joven perdió
sus dos manos y un ojo.
Sin
embargo, al iniciar el duelo, la barra del Olimpia quemó
varias cargas cerradas de pólvora, lo que provocó
malestar entre los aficionados nicaragüenses que ya nos hemos
acostumbrado a disfrutar del fútbol sin necesidad de quemar
pólvora.
¿Cómo
hicieron para introducir esa pólvora? Quizá los
miembros de la Junta Directiva del Diriangén lo sepan.
Luego empezaron los cánticos propios de las barras de fútbol
y siguieron los insultos.
Las
ofensas entre las dos barras fueron una constante durante todo
el partido, especialmente en los primeros 50 minutos, cuando el
equipo local vencía a los hondureños un gol por
cero.
Cuando
los autobuses de los catrachos salieron del estadio recibieron
una lluvia de piedras, y un aficionado hondureño sacó
una pistola, con la que presuntamente hizo varios disparos, impactando
a dos nicaragüenses.
Requisa superficial
De acuerdo con una fuente migratoria del paso fronterizo de Las
Manos, una requisa superficial se le hizo al bus y a los jugadores
del equipo Olimpia de Honduras, cuando ingresaron al país
a las 2 de la madrugada del jueves.
La
Policía acantonada en la frontera abordó el bus
e hizo una requisa de rutina, pero no encontró nada sospechoso.
Según
Allan Castellón, oficial de Migración, los 72 ocupantes
del bus bajaron a realizar sus trámites migratorios de
manera normal, y mantenían un jolgorio propio de los deportistas
cuando viajan en grupo.
Indicó
que en lo que respecta a Migración, se revisó los
documentos migratorios de forma individual, pues sólo bastaba
que presentaran el boleto CA-4 para pasar. “Sólo
miramos si no venían menores de 21 años, por si
se le hubieran pasado a las autoridades hondureñas”,
explicó
Nada irregular
Porfirio Gutiérrez, encargado de la Dirección General
de Aduanas, dijo que como a todo viajero se le revisa sus maletas
para comprobar que no vaya nada de contrabando, y cuando perciben
algún elemento de riesgo, lo comunican a la Policía.
En el caso particular de los jugadores no llevaban nada irregular.
A
criterio de los funcionarios de Migración y Aduanas, es
bastante difícil determinar quién lleva un arma
de fuego o blanca. “Es probable que la oculten muy bien
en un vehículo”, expresó Castellón.