Según
la investigación realizada entre 2000 y 2005, los "hombres
entre 13 y 29 años, con escasos recursos y oportunidades,
son las principales víctimas y victimarios de la violencia
en la región".
Ana
Yancy Quirós, coordinadora del informe "La cara de
la violencia urbana en América Central", explicó
en rueda de prensa que la delincuencia juvenil no es exclusiva
de los grupos más desposeídos, pero sí se
expresa con más claridad en estos estratos.
Según
la investigación, un factor determinante que ha ayudado
a la proliferación de delincuentes juveniles es la disponibilidad
de armas en la región.
El
estudio de la Fundación Arias, que encabeza el presidente
costarricense, Oscar Arias, Premio Nobel de la Paz de 1987, calcula
que hay tres millones de armas ilegales en circulación,
además de las 700.000 oficialmente registradas.
Los
jóvenes centroamericanos tienen diferentes organizaciones
y cometen diversos tipos de violencia. Por ejemplo, algunos sólo
participan en actos de violencia estudiantil, que se limitan a
los centros educativos, especialmente a los públicos, indicó
Quirós.
Las
llamadas "barras" están integradas por grupos
de amigos de un mismo barrio, que se reúnen en las calles
del vecindario y pueden ocasionar disturbios callejeros, pero
carecen de líder y generalmente no usan armas.
El
consumo de licor y drogas, con una concepción territorial
de ciertas áreas, caracteriza a las pandillas.
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Estos
grupos están integrados de 10 a 40 miembros, que
se dedican a robar artículos en los automóviles,
causar daños a la propiedad privada y al hurto, y
normalmente utilizan armas blancas.
Las
"maras" (pandillas), que se han convertido en
un verdadero problema de seguridad en Guatemala, Honduras
y El Salvador, son organizaciones armadas, de carácter
territorial, con estructura jerárquica y que utilizan
símbolos externos, especialmente tatuajes.
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Según
la investigación, tienen entre 50 y 200 miembros, ven como
enemigos naturales a otras "maras" y deben mantener
una lealtad hacia su grupo.
"Las
maras se dedican al vandalismo, robo, homicidios, violaciones
y venta y distribución de drogas; además, cobran
rentas y peajes a los habitantes de las zonas donde operan",
señaló Quirós.
Los
jóvenes centroamericanos también conforman bandas
de crimen especializado relacionadas al sicariato, robos y asaltos
bancarios, secuestros y narcotráfico, para lo que disponen
de armas de grueso calibre y recursos especializados.
La
investigadora destacó que la mayoría de los jóvenes
que cometen actos de violencia "sufrieron maltrato, abuso
o violencia intrafamiliar en sus hogares, experimentaron situaciones
de abandono, no han tenido acceso a la educación y la cultura
y son incapaces de integrarse al mercado laboral".
Por
esta razón, el estudio asegura que las medidas represivas
adoptadas por los gobiernos del área no solucionarán
el problema de la delincuencia juvenil, pues se trata de un problema
integral de la sociedad y debe ser abordado desde esta perspectiva.
EFE