Seaman
se refirió con estos comentarios a las críticas
del subsecretario general de Asuntos Humanitarios de la ONU, Jan
Egeland, quien calificó de "inmoral" el uso de
bombas de racimo o de fragmentación, artefactos que contienen
bombas más pequeñas muchas de las cuales no explotan
enseguida y quedan activas en el terreno.
El
jefe de la Oficina de Prensa señaló que esas bombas
no están prohibidas si se utilizan contra un objetivo militar,
y agregó que el derecho internacional considera como tal
cualquier lugar desde el que se lanza un ataque.
Israel,
añadió, no disparó intencionadamente contra
una zona poblada, fue el grupo libanés chíi Hizbulá
el que decidió lanzar sus ataques contra Israel desde allí,
y, "según el derecho internacional, cualquier lugar
desde el que se lanza un ataque se convierte en objetivo legítimo
y deja de ser zona civil", afirmó.
Asimismo,
dijo, se suele olvidar que fue Hizbulá quien atacó
a Israel, que "actúo en autodefensa para proteger
a su población civil hacia la que tiene una responsabilidad".
Seaman
rechazó que quienes critican a Israel no destaquen que
Hizbulá disparó sus misiles contra el norte de ese
país con la intención exclusiva de dañar
a civiles.
El
baremo que se aplica a Israel, insistió, no se utiliza
en el caso de Hizbulá y no se denuncia que "busque
asesinar a civiles de forma indiscriminada y deliberada",
como tampoco se denuncian las acciones palestinas que siguen estas
mismas pautas, manifestó.
El
portavoz rechazó asimismo las críticas del representante
de la ONU al hecho de que estas bombas se utilizaran sobre todo
en las últimas 72 horas del conflicto, cuando se sabía
que el alto el fuego estaba cerca.
Seamen
preguntó por qué no se condena que Hizbulá
lanzara en esas 72 horas más misiles que nunca contra el
norte de Israel, y señaló que esto es una prueba
más del doble rasero imperante.
Sobre
las críticas a la respuesta "desproporcionada"
de Israel a la captura de dos de sus soldados por parte de Hizbulá,
que fue lo que alegó el Gobierno para la ofensiva israelí,
el funcionario contestó que el derecho internacional deja
a un Estado la libertad de elegir qué respuesta "convencional"
quiere dar a un ataque.
Todas
estas críticas son un intento de dar una imagen "siniestra
de Israel", concluyó Seaman, quien se quejó
de que por costumbre se tolere mucho menos de Israel que de cualquier
otro.
Aconsejó,
además, a la ONU "que se investigue a sí misma",
porque, cuando Israel salió del Líbano hace seis
años, las Naciones Unidos asumieron "ciertas obligaciones"
en cuanto a su seguridad y pese a ello Hizbulá pudo crear
una amenaza en la frontera.
El
Ejército israelí ha contestado, por su parte, a
las críticas de la ONU con un breve comunicado en el que
afirma que la "bombas de racimo son legales bajo la ley internacional
y las fuerzas armadas de Israel utilizan esas municiones en acuerdo
con baremos internacionales". EFE