Ban Ki-moon hereda
el legado de Annan

   

13 de Octubre de 2006

Naciones Unidas - El surcoreano Ban Ki-moon, nombrado hoy secretario general de la ONU heredará el legado del ghanés Kofi Anan, quien intentó transformar la organización para adaptarla a los desafíos de la posguerra fría.

Con 61 años de historia, la ONU ha sido capaz de renacer muchas veces, de la mano de sus secretarios generales, y el mandato de Annan no es una excepción, en lo que se refiere a redefinir el papel de la organización para afrontar los retos y amenazas del momento.

Ban Ki-moon y Kofi Annan se saludan durante una reunión en la sede de la ONU en Nueva York.


Un ghanés de modales pausados y cierto aire aristocrático, Annan asumió el poder en 1997 como una opción circunstancial ante el veto de la Administración de Bill Clinton a su predecesor, el egipcio Butros-Butros Gali, el único a quien se le negó una prorroga de su mandato.

Considerado un reformista convencido, Annan llegó a su despacho en el piso 38 del "Palacio de Cristal" -como así se conoce la sede de la ONU en Nueva York- tras escalar los peldaños jerárquicos de la propia organización mundial.

Ocupó su sillón en un momento en que Washington veía con recelo la organización internacional, por lo que heredó una organización al borde de la bancarrota por el impago de EEUU a sus cuotas.

Sin embargo, Annan no se amilanó ante las adversidades y logró uno de sus mayores éxitos en su primer mandato, recuperar la dañada imagen de la ONU, algo que parecía casi imposible, y darle el papel que se merece como organismo indispensable para la paz y seguridad.

Su profunda visión humana de la vida, unida a la constante reivindicación de las necesidades de los más pobres le han hecho muy popular en el mundo en desarrollo, sin contar con que es el primer secretario general de la Africa negra, una parte del continente
ignorada por décadas.

También ha sabido navegar en medio de los juegos diplomáticos de los más poderosos -los cinco permanentes del Consejo de Seguridad (EEUU, Reino Unido, Francia, China y Rusia)-, por lo no estuvo exento de críticas en momentos delicados.

El cambio de estilo en la manera de dirigir la organización ha sido palpable en muchas esferas, pero quizás lo más significativo es su capacidad de autocrítica.

Ello se evidenció cuando puso de manifiesto públicamente el fracaso de las misiones de paz en Bosnia y Ruanda, pese a que en aquellos años Annan era el responsable de las operaciones de mantenimiento de la paz de la ONU.

Tampoco han pasado por alto sus enormes esfuerzos para convencer a los jefes de Estados y de Gobierno que fijaran los Objetivos de Desarrollo del Milenio, entre ellos la erradicación de la pobreza.

Apodado el "papa secular", Annan logró el Premio Nobel de la Paz en el 2001, algo que sólo había conseguido un anterior secretario general, el sueco Dag Hammarskjold, y el galardón lo recogió poco después que hubiera aceptado dirigir la ONU por un mandato de cinco años más.

Pero su acercamiento a Washington, que tanto le ayudó en su primer mandato, se truncó con el gobierno de George W. Bush, pero el punto de inflexión se produjo tras la decisión de EEUU de invadir a Irak, en marzo del 2003.

Annan calificó la invasión de "ilegal" y cayó en desgracia ante los ojos de Washington, que no dudó en destapar un escándalo de corrupción detrás de otro en la ONU, el más notorio relacionado con el programa humanitario iraquí "Petróleo por alimentos".

Otras pesadillas con las que tuvo que lidiar fue el ataque suicida de la sede de la ONU en Bagdad en el 2003 y la explotación sexual de los cascos azules en misiones de paz.

Una vez más, la ONU quedaba desprestigiada y los esfuerzos para recuperar su credibilidad se esfumaron, pero aún así Annan logró emerger como un diplomático de talla internacional y apuntalar la institución mundial.

Mediante sus reformas, las más ambiciosas en la historia del organismo, ha logrado que órganos como la Asamblea General hayan recuperado parte de su autoridad, pero aún así se ha quedado a medias, especialmente en un asunto tan importante como la ampliación del Consejo de Seguridad, el máximo órgano de decisión.

Annan, que abandonará su cargo a fines de diciembre, también ha desempeñado un papel importante, aunque sin éxito, en conflictos enquistados como el del Sahara, Chipre, Sudán y Oriente Medio, aunque, pese a ello, sus esfuerzos han sido alabados.

Hay quienes desconfían que Ban, de hablar suave y escurridizo, pueda superar la impronta moral de Annan, con lo que nadie duda que dejará una profunda huella en la organización, cada vez más dividida entre los países ricos y pobres. EFE

 
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