El
prisionero era considerado como el asesino en serie más
notorio de Florida después de Ted Bundy, quien confesó
más de 30 crímenes en la década de 1960,
y Aileen Wuornos, que asesinó a seis hombres.
Bundy,
fue ejecutado en 1989 y Wuornos, bautizada por la prensa estadounidense
como "La doncella de la muerte", en 2002.
Rolling
fue juzgado y condenado a morir por el asesinato, violación
y mutilación de sus víctimas, cuatro mujeres y un
hombre, ocurridas en el verano de 1990 en Gainesville, en el centro-norte
de Florida.
Hijo
de un policía de Luisiana, admitió en 1994 ser el
autor de los asesinatos de los estudiantes y durante un juicio
que duró dos semanas, los integrantes del jurado escucharon
la descripción de cómo cometió los crímenes
y observó las fotos de las mutilaciones y el estado de
los cadáveres.
El
reo dijo que los abusos que sufrió cuando era niño
y el trato recibido en prisión lo impulsaron a cometer
los asesinatos.
Durante
su infancia fue objeto de abusos físicos y emocionales
por parte de su padre, según informes relacionados con
el caso.
Rolling
estaba encarcelado por un robo a un supermercado cuando los investigaciones
policiales lo vincularon con los asesinatos y, pese a las pruebas
de ADN, mantuvo su inocencia durante tres años hasta que
el día del juicio por el hurto confesó los crímenes.
Sus
víctimas fueron Christina Powell, de 17 años, y
Sonja Larson, de 18, que fueron halladas en su apartamento acuchilladas;
Christa Hoyt, de 18, quien apareció al día siguiente
en el suyo decapitada, y veinticuatro horas después se
descubrieron los cuerpos de Tracy Paules y Manuel Taboada, ambos
de 23 años, muertos en el apartamento que compartían.
EFE