El "Diagnóstico
sobre pandillas juveniles en Centroamérica, México
y Estados Unidos: Red Trasnacional de Análisis sobre Maras",
será presentado mañana en San Salvador en el foro
"La Violencia Juvenil en la Región: un diálogo
pendiente", auspiciada por varios organismos internacionales.
Jeanneth
Aguilar, del Instituto Universitario de Opinión Pública
(IUDOP) de la Universidad Centroamericana (UCA), explicó
que el estudio reveló que las pandillas en El Salvador,
Guatemala y Honduras han experimentado "una mutación"
hacia una mayor organización y crecimiento ante los programas
gubernamentales.
Indicó
que los gobiernos han desarrollado en los últimos tres
años planes casi exclusivamente policiales y de persecución
para afrontar el complejo fenómeno de las pandillas, asignando
escasos presupuestos a la rehabilitación y prevención.
Señaló
que en Nicaragua, donde aún existen pandillas pequeñas,
la situación ha sido distinta, ya que la policía
desarrolla un plan integral para rehabilitar a los jóvenes
pandilleros, en coordinación con otras instituciones, cuyo
resultado ha sido exitoso.
Aguilar
dijo que se ha comprobado que las pandillas han dejado en su mayoría
las armas artesanales y cuentan con armas de fuego; mantienen
vínculos con el narcotráfico y crimen organizado,
pero no son sumisas a éstos, sino que se han fortalecido
internamente.
Explicó
que las "maras" han endurecido los requisitos para nuevas
admisiones e impulsan un proceso de depuración en sus filas,
con asesinatos de miembros.
Sin
embargo, Aguilar dijo que el estudio revela que las pandillas,
si bien son generadores de gran cantidad de homicidios, son las
principales víctimas de la violencia, tanto por rencillas
entre ellas, por purgas internas y por "agentes policiales,
grupos alentados por empresarios y otros sectores".
Informó
de que en El Salvador, en 2005, la policía registró
los asesinatos de 1.700 pandilleros, lo cual representó
un 45 por ciento del total de homicidios registrados en el país
en ese año.
Consultada
por Acan-Efe sobre si la migración continúa siendo
un factor determinante para el crecimiento de las pandillas, Aguilar
dijo que esto ha cambiado, ya que al preguntar a los jóvenes
entrevistados para el estudio al respecto, la mayoría dijo
que nunca habían salido del país ni tenían
vinculación con deportados.
Indicó
que las pandillas "ya no tratan con privilegios" a pandilleros
deportados de EEUU, lo cual indica que los grupos se han fortalecido
localmente.
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Aguilar
dijo que ante las centenares de detenciones, las pandillas
operan desde las cárceles, pero también han
cambiado en su forma de vestir y actuar, incluso retirándose
los tatuajes corporales que les identificaban.
Respecto
a las cifras de pandilleros en Centroamérica, señaló
que las oficiales "no son confiables" porque sólo
incluye a "los fichados" en los planes antipandillas
y no toman en cuenta a menores de edad y a los que ya estaban
en las cárceles antes de impulsar los mismos hace
tres años.
En
el caso de El Salvador, las autoridades calculan a los pandilleros
en 9.600, de ellos unos 4.000 en las cárceles.
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A
la reunión asistió Geoffrey Thale, de Washington
Office on Latin America, organización no gubernamental
estadounidense, organizadora del foro junto con la Coalición
Centroamericana para la Prevención de la Violencia Juvenil
EFE