18
de noviembre de 2006
La
probabilidad de que Dios exista es del 62 por ciento, según
el cálculo realizado por el periodista y ensayista alemán
Thomas Vasek a partir de una fórmula creada hace 250 años
por el pastor presbiteriano inglés Thomas Bayes. Con su
cálculo personal, Vasek trata de encontrar al menos una
salida parcial a un problema que ha ocupado a un sinnúmero
de pensadores a lo largo de los siglos. El origen del universo
y su orden aumenta la probabilidad de que Dios exista, pero el
mal la rebaja.
Los
esfuerzos por probar racionalmente la existencia de Dios, según
Vasek, han desembocado todos en el fracaso. Ya en el siglo XVII,
Blaise Pascal, matemático, físico, teólogo
y jugador apasionado, creía que se trataba de una cuestión
ante la que no quedaba otra posibilidad que apostar a ciegas.
Vasek,
que sigue de cerca las reflexiones hechas por el físico
Stephen D. Unwin en su libro "La probabilidad de
la existencia de Dios", no se contenta con apostar
a ciegas y trata de precisar un tanto la posibilidad de
una u otra hipótesis al respecto.
Para
ello usa el cálculo de probabilidades, disciplina
que Pascal contribuyó decisivamente a desarrollar,
y expone sus conclusiones en un ensayo que publica la
revista científica alemana P.M.
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Uno
de los dos mosaicos en el suelo de la prisión
de Meggido, al sur de Afula, en Israel. Se cree que
es la más antigua iglesia cristiana, del siglo
III o IV y está localizada en una cárcel
de máxima seguridad en Israel. En el lugar
se han encontrado unos mosaicos únicos. El
que representa dos pescados es símbolo de los
primeros cristianos |
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Como punto de partida, Vasek asume que la probabilidad de que
exista Dios es de un 50 por ciento, lo que, según admite,
es una manera de decir que no se tiene ni la más remota
idea de cuál es la respuesta más adecuada, puesto
que la hipótesis contraria se asume como igualmente probable.
¿FUE
POSIBLE EL ORIGEN DEL UNIVERSO SIN DIOS?
A partir de ese punto de desconcierto absoluto, se examinan cinco
ámbitos de indicios para ver si estos fortalecen una u
otra hipótesis. El primero de esos ámbitos es todo
lo relacionado con el origen del universo y, a partir del hecho
evidente de que el universo existe, se formula la pregunta de
si su surgimiento hubiera sido más o menos posible con
o sin la existencia de Dios.
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En
ello se ve como "algo más posible" que
el universo haya sido creado por Dios a que haya surgido
de la nada, con lo que la probabilidad de la existencia
de un ser supremo aumenta a un 67 por ciento. |
En
el segundo ámbito, todo lo relacionado con el hecho de
que el cosmos tiene un orden, también aumenta la probabilidad
de la existencia de Dios. Si las condiciones físicas de
nuestro mundo cambiaran sólo mínimamente, éste
colapsaría, lo que sin embargo no ocurre.
"Vivimos
en un universo improbable", dice Vasek, y para hacerlo un
tanto más probable -y en vista de que parece existir- opta
por aumentar la probabilidad de la existencia de Dios al 80 por
ciento.
El
tercer ámbito es todo lo relacionado con la evolución
y allí se ven las dos hipótesis como igualmente
factibles: la de que Dios exista y haya desatado el proceso de
evolución o la de que éste sea algo autosuficiente.
Esto hace que la probabilidad de que Dios existe no cambie.
EL
MAL REBAJA LA PROBABILIDAD
Sin embargo, el cuarto ámbito, el relacionado con la existencia
del bien y del mal moral, le da un duro golpe a la hipótesis
de que Dios existe.
Aunque
la evidente posibilidad que tenemos los seres humanos de
reconocer el bien aumenta en algo la probabilidad de la
existencia de Dios, la existencia del mal le da un duro
golpe hasta reducirla al 45 por ciento.
Sólo
el último ámbito de indicios, el relacionado
con la evidencia de que a lo largo de la Historia ha habido
muchas personas que han tenido experiencias místicas
y religiosas, hace que la probabilidad de la existencia
de Dios vuelva a aumentar hasta ponerse en un 62 por ciento.
El
resultado de Vasek corrige a la baja el de Unwin, quien
en su libro publicado en 2005 había llegado la conclusión
de que la probabilidad de que Dios exista es del 67 por
ciento.
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Frontal
del altar mayor de la Capilla Sixtina del Vaticano.
Los frescos, en los que se representa el Juicio Final
fueron realizados por Miguel Ángel en el siglo
XVI |
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En
todo caso, llega a una situación algo más confortable
que la de Pascal, que no veía otra salida que la de apostar
a ciegas y sólo podía justificar su decisión
de creer en Dios diciendo que, de acertar, le esperaba una ganancia
eterna, mientras que el riesgo de perder la apuesta era prácticamente
inexistente.
Rodrigo
Zuleta/EC.
EFE-REPORTAJES