Según
explica el documento de trabajo preparado para los delegados por
el gobierno australiano, que este año preside el G-20,
la cumbre de Melbourne debe servir para proponer una nueva reforma
de las instituciones económicas globales clave.
El
grupo de los 20 países responsables del 85 por ciento del
producto interior bruto global fue creado en 1999 con el propósito
de mantener la estabilidad económica global.
El
FMI desempeña un papel decisivo en esta área, y
sin embargo el G-20 lamenta que suele representar los intereses
de un grupo de países en el que vive menos del 15 por ciento
de la humanidad.
La
organización cree que para lograr una mayor estabilidad
es necesario que la distribución de la cuota de poder entre
los países dentro de las instituciones financieras globales
otorgue más importancia al peso de su producto interior
bruto.
Esta
estabilidad, prosigue el documento mencionado, depende también
de cómo se gestionen los problemas creados por el cambio
demográfico, los mercados de recursos y energía,
y la maximización de las oportunidades para crear y sostener
la prosperidad.
En
2004, el G-20 sentó una serie de principios básicos,
que según el grupo generaron la primera etapa de las reformas
del FMI para que siguiera cada estado.
En
septiembre de 2006, en Singapur, los miembros del G-20 determinaron
una primera reforma de la distribución de la cuota dentro
del FMI.
En
Melbourne, los delegados de la cumbre compartirán hoy sus
experiencias en la aplicación de estos principios de acuerdo
para poder aprender los unos de los otros y así encontrar
formas prácticas de llegar a un consenso y reformar de
nuevo los principios.
Asimismo,
los ministros de Finanzas y los gobernadores de los Bancos Centrales
de las 20 mayores economías del mundo examinarán
la efectividad de sus políticas de ayuda al desarrollo
y diseñarán el contenido de su agenda para la reunión
del año próximo.
La
última jornada de la reunión finalizará con
una conferencia de prensa del ministro de Hacienda australiano,
Peter Costello, que preside la cumbre. EFE