"Fue
una ciudad predilecta desde mi infancia", explicó
a Efe Leiva Gallardo, quien acaba de publicar en México
"Guadalajara de noche" (Tusquets, 2006), la historia
de un dramaturgo excéntrico que visita la capital de Jalisco,
en el occidente del país.
Para
el escritor nacido en la ciudad de Amapala (1962), autor de cuentos
y poemas así como colaborador de la revista "Contratiempo",
Guadalajara "representaba a México" en su imaginación
antes de viajar a ella en 1996 y conocerla de cerca.
Confiesa
que su primer acercamiento a una ciudad, que es considerada la
cuna del mariachi, de la que surgieron canciones famosas y los
trajes de charro, lo vivió a través del cine.
La
novela narra las aventuras de varios personajes, en particular
de Booby Cay, un escritor que tiene algunos rasgos del propio
Leiva Gallardo.
El
autor confiesa que las primeras notas de lo que a la postre sería
el libro fueron "notas de viaje" al estilo de lo que
los anglosajones denominan un "travelogue", que hablan
de antros, bares y fiestas de "un mundo casi apocalíptico"
que no está tanto en la ciudad como en el propio Booby
Cay.
El
escritor hondureño señala que actualmente se vive
en una especie de mundo apocalíptico que trastoca valores
e ideas, lo cual aboca a las personas a "caer inconscientemente
en los submundos, porque el mundo no nos funciona o no funcionamos
en el mundo".
Para
Leiva Gallardo, en su primera novela, "si hay un 'underground'
que es inmenso es el de la vida interior de Booby Cay", un
escritor que rechaza la etiqueta de turista y defiende que es
un viajero.
Una
de las frases más contundentes de Cay es la que dice que
"Estados Unidos es la antítesis de América
Latina", de la que el escritor toma distancia.
Leiva
Gallardo, que desde hace años en EEUU, dice que sólo
escribe sobre temas latinoamericanos únicamente.
"No
es un plante político, de ninguna manera", más
bien una "cuestión de estética", asegura.
Leiva
Gallardo advierte que en EEUU hay "un mundo libresco en español
que va creciendo" y que engrosan autores como él mismo,
que tienen una "postura afectiva" con el lenguaje y
con sus culturas de origen. EFE