Antes
de morir, Portela dijo a la policía que José Cruz,
de 22 años, había sido el atacante, y que a su vez
implicó a Arnulfo Martínez de 21, y a Solís
de 26, todos de nacionalidad hondureña.
De
acuerdo con los testimonios del juez, Cruz era cuñado de
Portela y creía que ésta estuvo involucrada en la
muerte de su esposo Juan, en Honduras.
Por
esta razón pagó 2.000 dólares a Martínez
para que condujera el auto que usaron ese día.
A
su vez, Solís habría participado en el crimen porque
temía que Portela le contara a su esposo -que la esperaba
en Honduras- que ella le había sido infiel mientras estuvo
en los Estados Unidos.
Solís
ya cumplió seis meses de cárcel en la vecina ciudad
de Waukegan, al noroeste de Chicago, y ahora permanece detenida
por las autoridades de Inmigración a la espera de su deportación.
Cruz
fue sentenciado a 47 años de cárcel y Martínez
a 35; pero Solís sólo fue acusada por obstrucción
de justicia y el fiscal Eric Kalata dijo que el Estado no pudo
probar su participación directa en el crimen. EFE