Costo de violencia doméstica
en Latinoamerica equivale al 2 por ciento del PIB

   
  • En Honduras, de 4.792 denuncias recibidas por el Ministerio Público en el primer semestre de 2006, solo el 10 por ciento han recibido sentencia condenatoria.
01 de diciembre de 2006

Naciones Unidas - El coste de la violencia doméstica en Latinoamérica y el Caribe equivale al 2 por ciento del Producto Interior Bruto (PIB) de la región, según Rebeca Grynspan, directora regional del Programa para el Desarrollo de la ONU (PNUD).

"La violencia doméstica afecta la productividad, pues las mujeres no pueden ir a trabajar, así como representa un costo para los sistemas de salud y servicios de tratamiento psicológico", declaró a Efe Grynspan, con motivo de la campaña "16 días promoviendo los derechos humanos".

Rebeca Grynspan


Esta iniciativa, promovida por diferentes agencias de la ONU, busca la concienciación entre la población latinoamericana de que la violencia contra las mujeres y niñas es un obstáculo para el desarrollo de sociedades justas y equitativas.

"Vivir sin violencia es un derecho humano para todas las mujeres y es algo factible. Es importante sacar a la violencia del ámbito privado y denunciarlo en el público para que sea perseguido", indicó la costarricense Grynspan.

Reconoció que existen serias dificultades en la recopilación de datos sobre la violencia contra la mujer, pero que las cifras calculadas hablan por sí solas.

"En promedio, en Latinoamérica, entre un 30 y un 45 por ciento de las mujeres han sido objeto de la violencia, ya sea física, sexual o psicológica", indicó.

Este índice se sitúa en el 41 por ciento en Colombia, el 28 por ciento en Nicaragua, el 41 por ciento en Perú, el 27 por ciento en Haití, el 22 por ciento en la República Dominicana y el 40 por ciento en Chile.

En el caso de México, se eleva al 44 por ciento, y pese a que el caso de Ciudad Juárez es el más notorio, el estado de Chihuahua, al que pertenece esa localidad, no es el que tiene los índices más altos de asesinatos de mujeres de todo el país.

La campaña que promueve Grynspan se celebra anualmente desde hace 16 años y también ofrece apoyo a los programas y redes de ayuda a las mujeres maltratadas que se están llevando a cabo en Latinoamérica.

"La violencia contra la mujer es una de las manifestaciones más claras de las asimetrías entre hombres y mujeres y de la relación del poder", señaló.

"Cuanto más independencia económica y poder de decisión tienen las mujeres, menores son los niveles de violencia", agregó.

Sin embargo, destacó que no existe una correlación directa entre un nivel más alto de educación de la mujer y una disminución de la violencia.

"Ello pone de manifiesto que es imperante abordar la correlación entre la educación del hombre y la violencia contra la mujer", afirmó.

Otro propósito de la campaña de la ONU es motivar a los países latinoamericanos a ratificar los instrumentos internacionales y regionales en esta materia como la Convención sobre la Eliminación de todas las formas de Discriminación contra la Mujer.

En este sentido, Grynspan se mostró optimista de ver los avances en Latinoamérica, región en la que todos los países han ratificado la Convención Interamericana de Belén do Pará (Brasil) de 1994.

También se congratuló de que cada vez haya más gobiernos latinoamericanos que han incorporado en sus legislaciones leyes que tipifican la violencia doméstica como un delito.

"Combatir la impunidad es de suma importancia. Para ello, es necesario capacitar al personal policial y judicial cuando intervienen en casos de violencia de género", afirmó.

Citó el caso de Guatemala, donde la violencia contra la mujer ha aumentado el 270 por ciento en los últimos seis años, y de los 2.500 casos de mujeres asesinadas desde el 2001, sólo 14 han llegado a una condena y en Honduras de 4792 denuncias recibidas por el Ministerio Público en el primer semestre de este año, solo el 10 por ciento han recibido sentencia condenatoria.

Otros retos pendientes, según Grynspan, es tratar el tratamiento de las víctimas de la violencia doméstica, pues normalmente son las mujeres afectadas y sus hijos los que deben salir de sus casas y refugiarse en los centros de acogida.

También indicó que se debe atajar los altos niveles de reincidencia en los malos tratos, que son del 70 por ciento, mediante medidas cautelares, y atender a los hijos que han sido testigos de la violencia, porque acostumbran a perpetuar el fenómeno.

Para Grynspan, la migración ha traído consigo otras formas de violencia contra la mujer, como es el hecho de que muchas de ellas tengan que pagar con favores sexuales para emigrar, así como la trata de jóvenes y niñas para esclavizarlas en la prostitución.

 
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