2006 año de desgaste
para el presidente Bush

   
11 de diciembre de 2006

Washington - Pocas personas podrán decir aquello de "Año nuevo, vida nueva" con más fervor que el presidente de EEUU, George W. Bush, al que en 2006 se le han acumulado los reveses, desde las elecciones legislativas hasta Irak.

Bush llega al nuevo año muy desgastado, con una popularidad por debajo del 40 por ciento, lastrada sobre todo por el aumento de la violencia en Irak y la preocupación de los estadounidenses por la marcha de la guerra, que no lleva visos de abatirse.


EEUU mantiene cerca de 150.000 soldados desplegados en el país árabe y ha sufrido la muerte de más de 2.900 militares allí desde el comienzo de la guerra, en marzo de 2003.

Precisamente, el descontento popular por la guerra fue el principal factor en el mayor revés que sufrió el presidente este año: las elecciones legislativas del 7 de noviembre.

Esas elecciones dejaron a los demócratas al mando de las dos Cámaras del Congreso, por primera vez desde 1994, en unos resultados que los analistas consideraron unánimemente un voto de castigo por la marcha de la guerra en Irak.

Tras esos comicios, en una rueda de prensa, Bush admitió que había recibido "una paliza". "Estaba convencido de que íbamos a ganar. Eso demuestra lo enterado que estoy", ironizó.

Desde entonces, el presidente, que asegura que aún tiene mucho por hacer en los dos años que le restan de mandato -pese a que ya no contará con el apoyo casi automático del Congreso-, se ha esforzado en demostrar que ha escuchado la llamada de atención y quiere revisar la estrategia en Irak.

La primera iniciativa no tardó mucho en llegar: al día siguiente de los comicios, Bush anunció la dimisión de su secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, considerado uno de los arquitectos de la guerra y al que el presidente había defendido hasta entonces a capa y espada de los llamamientos demócratas para su cese.

En su lugar ha propuesto a un hombre de la "vieja guardia" de la presidencia de su padre George Bush, el ex director de la CIA Robert Gates, que ha reconocido que EEUU no está ganando en Irak.

Y en las últimas semanas, distintos organismos del Gobierno, coordinados por el Consejo de Seguridad Nacional en la Casa Blanca, llevan a cabo una reevaluación de esa estrategia, que presentarán en un informe unificado.

De modo paralelo, la comisión independiente encabezada por el ex secretario de Estado James Baker presentó su esperado informe el día 6, en el que aconseja comenzar un diálogo con Siria e Irán y desplazar el énfasis de la misión de las tropas de EEUU del combate a la formación de las fuerzas iraquíes.

La Casa Blanca ha asegurado que, una vez que Bush tenga ante sí ambos informes, los estudiará y determinará en cuestión de "semanas, no meses" el nuevo camino a seguir en el país árabe.

Pero aunque Irak es sin duda el principal quebradero de cabeza para el presidente estadounidense, desde luego no es el único.

La victoria demócrata en las elecciones se ha cobrado otro cadáver político, el del embajador de EEUU ante la ONU, John Bolton, otro notorio "halcón" del Gobierno que presentó su dimisión el pasado día 4.

Bush había nombrado de manera provisional a Bolton, que necesitaba la confirmación del Senado antes del próximo enero para seguir en el cargo. Tras los comicios, quedó claro que no iba a obtenerla.

Después de aceptar la dimisión, el presidente se declaró "profundamente decepcionado" y arremetió contra los senadores que, según él, "optaron por bloquear" el nombramiento.

El año para olvidar de Bush ya había comenzado antes de las elecciones, en áreas como la reforma migratoria.

A lo largo del primer semestre del año, el presidente había intentado promover una reforma migratoria amplia, que incluyera el establecimiento de un programa de trabajadores temporales para regularizar a buena parte de los doce millones de inmigrantes ilegales que se calcula que existen en el país.

Pero la propia mayoría republicana en el Congreso le propinó un revés, al pronunciarse sólo a favor de aumentar las medidas de seguridad en la frontera.

Aunque, quizá, al hacer balance, Bush considere que la peor noticia recibida este año no ha sido ni la guerra en Irak, ni la derrota electoral, ni el fracaso migratorio.

La mala noticia le llegó este verano: cumplió sesenta años y había engordado un par de kilos. Lo peor, para un hombre obsesionado por mantenerse en forma. EFE

 
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