El presidente
ratificó su compromiso con la responsabilidad fiscal y con
una política económica que ha permitido al país
mantener la estabilidad, la baja inflación y reducir la vulnerabilidad
externa.
Comparando
al Brasil de hoy con el de hace cuatro años, cuando asumió
por primera vez el cargo, afirmó que "mucho se ha hecho"
para combatir la miseria y el hambre, pero reconoció que,
a pesar de eso, "infelizmente permanecen las injusticias entre
los pobres".
Para
los próximos cuatro años, aseguró que su gobierno
dará especial prioridad a "la educación, la generación
de mano de obra, el microcrédito, la reforma agraria pacífica
y productiva", así como a la "expansión
del arte y la cultura popular" para alcanzar estos objetivos.
En
el plano internacional, valoró la política exterior
desarrollada estos años con la búsqueda de nuevos
mercados y la cooperación en el eje Sur-Sur. "Brasil
asocia su destino económico, político y social al
del continente, al Mercosur y a la Comunidad Suramericana de Naciones",
dijo el presidente.
Por
otra parte, Lula criticó los escasos avances logrados para
resolver problemas mundiales como las desigualdades económicas
o el terrorismo, y que no hayan mejorado las relaciones entre las
naciones más ricas y más pobres.
Los
actos para la investidura de Lula como presidente y de José
Alencar como vicepresidente de Brasil comenzaron en el Palacio de
la Alborada, sede de la presidencia, de donde salió el cortejo.
En
esta ocasión no asistieron mandatarios de otros países
ya que el presidente creyó más oportuno no causar
molestias en una fecha como el 1 de enero.
El
presidente, que vestía un traje azul, camisa blanca y corbata
roja, hizo el último tramo del trayecto en un automóvil
Rolls Royce descapotable, acompañado de la primera dama,
Marisa Leticia, y seguido en otro vehículo por Alencar y
su esposa, Mariza Gomes.
Durante
el trayecto saludó a los miles de militantes del Partido
de los Trabajadores (PT) y otros aliados que se congregaron frente
al Congreso, a los que se dirigió después, desde una
tribuna en el Palacio de Planalto, sede de la presidencia.
Al
llegar al Congreso, fueron recibidos por los presidentes del Senado,
Renan Calheiros, y de la Cámara de los Diputados, Aldo Rebelo.
Tras
su intervención en el Congreso, escucharon las salvas de
cañón y el himno nacional.
El
presidente pasó revista a las tropas y el acto concluyó
con las palabras que dirigió a los asistentes que esperaban
en el exterior.
En
su segundo discurso de la jornada, Lula aludió a la ola de
violencia que dejó 25 muertos en Río de Janeiro en
los últimos días de 2006, y prometió mano dura
contra la barbarie.
Según
fuentes policiales, unas 10.000 personas salieron a las calles de
Brasilia para seguir los actos de hoy, cifra inferior a la de hace
cuatro años, cuando fue arropado por cientos de miles de
seguidores.
Además
de Lula y Alencar, hoy asumieron su cargo los gobernadores de los
27 estados brasileños, elegidos en octubre pasado. EFE |