02
de enero de 2007
Sadam
Husein se mantuvo desafiante hasta el final. No sólo se
negó a que le cubriesen el rostro para ser ahorcado, sino
que se encaró con uno de sus verdugos, que dio vivas por
el clérigo chií Múqtada al Sáder,
acérrimo enemigo del dictador iraquí. Sadam le respondió
ninguneando al clérigo. Fue lo último que dijo antes
de morir.