Bush
tiene previsto desplazarse hoy a la base militar de Fort Benning,
en Georgia, donde almorzará con los soldados y pronunciará
una alocución en la que defenderá esta nueva estrategia.
Paralelamente,
los "pesos pesados" de su Gobierno difundirán el
mensaje de la Casa Blanca en Washington.
La
secretaria de Estado, Condoleezza Rice; el secretario de Defensa,
Robert Gates, y el jefe del Estado Mayor conjunto, el general Peter
Pace, ofrecerán hoy por la mañana una rueda de prensa
para explicar cómo se pondrán en marcha sobre el terreno
las propuestas de Bush.
Rice
y Gates llevarán ese mismo mensaje pocas horas más
tarde al Congreso, donde comparecerán respectivamente en
sendas audiencias del Comité de Relaciones Exteriores de
la Cámara de Representantes y del Comité de las Fuerzas
Armadas del Senado.
Los
legisladores en el nuevo Congreso de mayoría demócrata
amenazan con denegar los fondos necesarios para esta nueva iniciativa,
y que la Casa Blanca ha cifrado en 6.800 millones de dólares:
1.200 millones para proyectos de reconstrucción y empleo,
y 5.600 millones para el aumento de tropas.
El
propio Bush, quien desde la victoria demócrata en los comicios
de noviembre pasado ha multiplicado los mensajes conciliatorios,
ha asegurado en su discurso que en este proceso el Congreso estará
totalmente informado.
También
anunció la creación de un grupo de trabajo integrado
por representantes de ambos partidos que se reunirá con regularidad
y con él "para ganar la guerra contra el terrorismo".
Si
los legisladores "proponen mejoras, las introduciremos"
y "si las circunstancias cambian, nos ajustaremos", prometió.
Pero
las críticas de los demócratas ya han comenzado a
llegar. Inmediatamente después de las palabras del presidente,
el senador Dick Durbin, en nombre de todo su partido, afirmó
que demandará respuestas a las preguntas que "aún
no se han planteado o que no se han respondido".
"El
pueblo estadounidense quiere un cambio de rumbo en Irak, y tenemos
la intención de seguir presionando al presidente Bush para
que lo ejecute", agregó el senador.
La
mayoría de los demócratas, y algunos republicanos,
se oponen al aumento de tropas que ha propuesto el presidente y
reclaman, en cambio, que comience cuanto antes el regreso de los
132.000 soldados estadounidenses desplegados en el país árabe.
La
Casa Blanca también tendrá que convencer a un público
estadounidense cada vez más crítico con la marcha
de la guerra, y que según una encuesta difundida el martes
pasado se opone en un 61 por ciento al envío de más
soldados.
Inmediatamente
después del discurso presidencial, organizaciones pacifistas
llevaron a cabo una vigilia ante la Casa Blanca para protestar por
el aumento de tropas.
En
su discurso, desde la biblioteca de la Casa Blanca, Bush reconoció
que "la situación en Irak es inaceptable"
y admitió errores en la estrategia seguida hasta ahora,
cuya "responsabilidad es mía".
Entre
esos errores se encuentra la escasez de tropas en Bagdad,
donde se concentra la mayor parte de la violencia que sacude
al país árabe.
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El
presidente, que dijo que "la prioridad más urgente para
el éxito en Irak es la seguridad, especialmente en Bagdad",
anunció como la piedra angular de su estrategia el envío
de 21.500 soldados.
De
ellos, el grueso quedará desplegado en la capital iraquí
y 4.000 en la provincia occidental de Al Anbar, que Washington considera
el reducto principal de la red Al Qaeda en el país.
Además,
las tropas iraquíes aumentarán su presencia y más
soldados estadounidenses quedarán incluidos en unidades iraquíes,
para acelerar la formación de los soldados locales.
Dentro
de esta nueva estrategia, Bush afirmó que interrumpirá
el "flujo de apoyo" que, según él, los insurgentes
y terroristas reciben de Irán y Siria para atacar a las tropas
estadounidenses.
Por
último, pidió un mayor respaldo de los países
árabes, que "deben entender que una derrota estadounidense
en Irak crearía un nuevo santuario para los extremistas y
supondría una amenaza estratégica para su supervivencia".
EFE
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