En
un discurso a la nación para explicar la nueva estrategia
en el país árabe, en el que reconoció que la
estrategia de los insurgentes "funcionó", Bush
afirmó que "la situación en Irak es inaceptable
para los estadounidenses y es inaceptable para mí".
El
presidente, que dijo que "la prioridad más urgente para
el éxito en Irak es la seguridad, especialmente en Bagdad",
anunció como la piedra angular de su estrategia el envío
de 21.500 soldados, de los cuales el grueso quedará desplegado
en la capital iraquí y 4.000 en la provincia occidental de
Al Anbar, que Washington considera el reducto principal de la red
Al Qaeda en el país.
La
violencia entre comunidades "está dividiendo a Bagdad
en enclaves sectarios y minando la confianza de todos los iraquíes",
dijo Bush desde la biblioteca de la Casa Blanca en un discurso retransmitido
por los canales más importantes del país.
Además,
las tropas iraquíes aumentarán su presencia y más
soldados estadounidenses quedarán incluidos en unidades iraquíes,
para acelerar la formación de los soldados locales.
Bush
afirmó que interrumpirá el "flujo de apoyo"
que, según él, los insurgentes y terroristas reciben
de Irán y Siria para atacar a las tropas estadounidenses.
El
presidente estadounidense también indicó que los países
árabes "deben entender que una derrota estadounidense
en Irak crearía un nuevo santuario para los extremistas y
supondría una amenaza estratégica a la supervivencia"
de esos regímenes.
Entre
los errores que Bush reconoció en la estrategia seguida en
los tres años y medio de conflicto se encuentra el que en
Bagdad "no hubo suficientes tropas, ni iraquíes ni estadounidenses,
para proteger los barrios que habían quedado despejados de
terroristas e insurgentes".
Hasta
ahora, el presidente había sostenido que el número
de soldados estadounidenses en Irak era el suficiente para la misión.
En
su discurso, Bush señaló: "he dejado claro al
primer ministro y a otros líderes en Irak que el compromiso
de Estados Unidos no es eterno".
"Si
el Gobierno iraquí no cumple sus promesas, perderá
el apoyo del pueblo estadounidenses y el del pueblo iraquí.
Ha llegado el momento de actuar", insistió.
El
presidente reconoció que por el momento seguirán la
violencia y las bombas, aunque aseguró que con el tiempo
"podemos esperar que las tropas iraquíes capturen a
los asesinos y que haya menos actos de osadía terrorista".
"La
victoria no será como las que nuestros padres o nuestros
abuelos lograron" y un Irak democrático "no será
perfecto", añadió.
"Pero
será un país que luchará contra el terrorismo,
en lugar de respaldar a los terroristas, y ayudará a traer
un futuro de paz y seguridad para nuestros hijos", aseguró.
EFE
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