Ambos
han comparecido ante la prensa y han sido citados por distintos
comités del Congreso para defender la nueva estrategia de
guerra que el presidente, George W. Bush, presentó anoche
y que incluye el envío a Irak de más de 20.000 soldados
adicionales.
Para hacer frente a este conflicto
y a los retos que puedan presentarse en un futuro, el secretario
de Defensa anunció hoy que propondrá al presidente
aumentar las fuerzas armadas del país en 92.000 soldados
e infantes de marina en un plazo de cinco años.
El objetivo, dijo, consiste en "incrementar
la capacidad de combate" con vistas a poder dar respuesta rápida
a situaciones como la que hoy se plantea en Irak.
Gates compareció ante la
prensa junto a la secretaria de Estado para explicar la forma en
que ambos piensan poner en marcha las propuestas anunciadas por
el presidente.
Ya en el Capitolio, Rice dijo ser
consciente del "escepticismo" y el "pesimismo"
que puede generar esas propuestas entre los estadounidenses, pero
se mostró convencida de que "la tarea más urgente
en Irak" consiste en ayudar al Gobierno del primer ministro,
Nuri al Maliki, a que tome las riendas de la seguridad en el país.
Ante el comité de Relaciones
Exteriores del Senado, subrayó que "hay mucho en juego"
en Irak, que la situación a día de hoy es "inaceptable"
y que lo mejor que se puede hacer es "ayudar", no sólo
en el ámbito militar sino también en el político
y económico.
"Una mejora de la situación
de seguridad, sobre todo en Bagdad, abrirá una ventana de
oportunidad para que el Gobierno iraquí acelere el proceso
de reconciliación nacional", aseguró.
Al mismo tiempo, dijo, "nosotros
podemos y evaluaremos si se está haciendo ese trabajo".
Sus argumentos no han conseguido
cambiar la opinión de algunos senadores, como el presidente
del Comité, el demócrata Joseph Biden, quien considera
el plan del presidente como "un error trágico".
Tampoco lo apoya el líder
de la nueva mayoría demócrata en la Cámara
Alta, Harry Reid, quien manifestó que "poner más
tropas de combate en medio de una guerra civil iraquí es
un grave error".
Las críticas también
se escucharon desde las filas republicanas, en voces como, por ejemplo,
la del senador Chuck Hagel, que define el plan de Bush como la metedura
de pata en política exterior "más peligrosa"
desde Vietnam.
Aunque menos, del otro lado están
los partidarios de la nueva estrategia, como el senador John McCain,
quien apoya claramente el refuerzo de tropas pero cuestiona el hecho
de que sean suficientes.
Lo que se preguntan casi todos los
congresistas es cuánto tiempo deberán quedarse en
Irak los refuerzos anunciados por Bush y la respuesta no está
nada clara, a juzgar por lo que ha dicho Gates.
Aunque se ha presentado como un
refuerzo temporal, "creo que nadie tiene realmente una idea
clara" de cuánto tiempo será necesario, admitió
el jefe del Pentágono.
Gates tiene previsto comparecer
esta tarde, -junto al jefe del Estado Mayor Conjunto Peter Pace-,
ante el comité de Fuerzas Armadas de la Cámara de
Representantes para defender las virtudes del plan de Bush y evitar
que los nuevos líderes del Congreso intenten bloquearlo.
Los demócratas todavía
no han decidido qué es lo que van a hacer pero el máximo
responsable republicano en el Senado, Mitch McConnell, ya les ha
advertido que está dispuesto a recurrir a maniobras dilatorias
para evitar la votación de un eventual bloqueo.
"El Congreso es totalmente
incapaz de dictar las tácticas de guerra", aseguró
McConnell tras reconocer que la nueva estrategia para Irak no es
fácil de aceptar para nadie.
Bush la volverá a defender
hoy, en un acto previsto para esta tarde en la base militar de Fort
Benning, en Georgia, donde ha almorzado con soldados estadounidenses.
Además de convencer a los
congresistas, el presidente y los miembros de su Gabinete también
tendrán que persuadir a los estadounidenses que, en una primera
reacción, ya han rechazado las iniciativas previstas en la
nueva estrategia, especialmente la de mandar más soldados
a la guerra.
De acuerdo con una encuesta de la
cadena de televisión ABC, realizada inmediatamente después
del discurso a la nación en el que Bush anunció su
plan, el 61 por ciento de los estadounidenses lo rechazan, frente
a un 36 por ciento que lo respaldan. EFE
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