Rice y Gates tratan de convencer al Congreso para que apoye refuerzo tropas
    

11 de enero de 2007

Washington - La secretaria de Estado de EEUU, Condoleezza Rice, y el jefe del Pentágono, Robert Gates, trataron de convencer hoy a la nueva mayoría demócrata en el Congreso y a algunos republicanos para que apoyen el envío de más tropas a Irak.


Ambos han comparecido ante la prensa y han sido citados por distintos comités del Congreso para defender la nueva estrategia de guerra que el presidente, George W. Bush, presentó anoche y que incluye el envío a Irak de más de 20.000 soldados adicionales.

Para hacer frente a este conflicto y a los retos que puedan presentarse en un futuro, el secretario de Defensa anunció hoy que propondrá al presidente aumentar las fuerzas armadas del país en 92.000 soldados e infantes de marina en un plazo de cinco años.

El objetivo, dijo, consiste en "incrementar la capacidad de combate" con vistas a poder dar respuesta rápida a situaciones como la que hoy se plantea en Irak.

Gates compareció ante la prensa junto a la secretaria de Estado para explicar la forma en que ambos piensan poner en marcha las propuestas anunciadas por el presidente.

Ya en el Capitolio, Rice dijo ser consciente del "escepticismo" y el "pesimismo" que puede generar esas propuestas entre los estadounidenses, pero se mostró convencida de que "la tarea más urgente en Irak" consiste en ayudar al Gobierno del primer ministro, Nuri al Maliki, a que tome las riendas de la seguridad en el país.

Ante el comité de Relaciones Exteriores del Senado, subrayó que "hay mucho en juego" en Irak, que la situación a día de hoy es "inaceptable" y que lo mejor que se puede hacer es "ayudar", no sólo en el ámbito militar sino también en el político y económico.

"Una mejora de la situación de seguridad, sobre todo en Bagdad, abrirá una ventana de oportunidad para que el Gobierno iraquí acelere el proceso de reconciliación nacional", aseguró.

Al mismo tiempo, dijo, "nosotros podemos y evaluaremos si se está haciendo ese trabajo".

Sus argumentos no han conseguido cambiar la opinión de algunos senadores, como el presidente del Comité, el demócrata Joseph Biden, quien considera el plan del presidente como "un error trágico".

Tampoco lo apoya el líder de la nueva mayoría demócrata en la Cámara Alta, Harry Reid, quien manifestó que "poner más tropas de combate en medio de una guerra civil iraquí es un grave error".

Las críticas también se escucharon desde las filas republicanas, en voces como, por ejemplo, la del senador Chuck Hagel, que define el plan de Bush como la metedura de pata en política exterior "más peligrosa" desde Vietnam.

Aunque menos, del otro lado están los partidarios de la nueva estrategia, como el senador John McCain, quien apoya claramente el refuerzo de tropas pero cuestiona el hecho de que sean suficientes.

Lo que se preguntan casi todos los congresistas es cuánto tiempo deberán quedarse en Irak los refuerzos anunciados por Bush y la respuesta no está nada clara, a juzgar por lo que ha dicho Gates.

Aunque se ha presentado como un refuerzo temporal, "creo que nadie tiene realmente una idea clara" de cuánto tiempo será necesario, admitió el jefe del Pentágono.

Gates tiene previsto comparecer esta tarde, -junto al jefe del Estado Mayor Conjunto Peter Pace-, ante el comité de Fuerzas Armadas de la Cámara de Representantes para defender las virtudes del plan de Bush y evitar que los nuevos líderes del Congreso intenten bloquearlo.

Los demócratas todavía no han decidido qué es lo que van a hacer pero el máximo responsable republicano en el Senado, Mitch McConnell, ya les ha advertido que está dispuesto a recurrir a maniobras dilatorias para evitar la votación de un eventual bloqueo.

"El Congreso es totalmente incapaz de dictar las tácticas de guerra", aseguró McConnell tras reconocer que la nueva estrategia para Irak no es fácil de aceptar para nadie.

Bush la volverá a defender hoy, en un acto previsto para esta tarde en la base militar de Fort Benning, en Georgia, donde ha almorzado con soldados estadounidenses.

Además de convencer a los congresistas, el presidente y los miembros de su Gabinete también tendrán que persuadir a los estadounidenses que, en una primera reacción, ya han rechazado las iniciativas previstas en la nueva estrategia, especialmente la de mandar más soldados a la guerra.

De acuerdo con una encuesta de la cadena de televisión ABC, realizada inmediatamente después del discurso a la nación en el que Bush anunció su plan, el 61 por ciento de los estadounidenses lo rechazan, frente a un 36 por ciento que lo respaldan. EFE


 
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