En
una entrevista con Efe, Pinto hizo hincapié en que las
"luces y sombras" del mandatario perfiladas en la obra
están "debidamente fundamentadas y no son fruto de
un apasionamiento político ni personal".
Ambos
coinciden en que Morales "no sucumbió" a unas
circunstancias que le abocaban a una existencia humilde para este
indio nacido hace 47 años en Orinoca, una pequeña
localidad del altiplano andino.
PINTÓ
UN BURRO CON LOS COLORES DE LA BANDERA
"Desde
muy niño tuvo muy clara la visión del país
que quería", admite Pinto al referirse al día
en que Evo dibujó en el colegio un burro pintado con los
colores de la bandera boliviana (rojo, amarillo y verde), lo que
motivó que el resto de alumnos se rieran de él.
Dueño
de una fortaleza "anímica y física extraordinaria",
la sombra que se cierne sobre el presidente es su egolatría,
que le empujó a "desechar" a gente que tenía
tanta determinación como él y que le enseñó
el camino hacia el poder.
"Evo
dice que no ha leído a Maquiavelo, pero sabe aplicar bien
la máxima 'El fin justifica los medios' de este teórico
de la política porque está dispuesto a hacer todo
lo que sea necesario para lograr sus propósitos",
sostiene Pinto.
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El
presidente de Bolivia, Evo Morales, durante su comparecencia
en la que solicitó a los sindicatos campesinos
de Cochabamba no tomar venganza por los violentos
choques del día 11 de enero que dejaron dos
muertos. |
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Cuando
Pinto y Navia se encontraron en 2001 en la zona cocalera
del Chapare ni se imaginaban que en un futuro iban a darle
forma a su modo a la vida de Morales, quien era en aquel
momento uno de los líderes campesinos más
activos de esta región central de Bolivia.
Allí
empezaron a sopesar la idea de escribir un libro sobre la
"guerra de baja intensidad" que, a su juicio,
enfrentaba en el lugar a militares y cocaleros. "Era
un fenómeno demasiado fuerte como para sacudirse
de él", confiesa Pinto antes de aclarar que
la posibilidad de elaborar una biografía no autorizada
de Evo la barajó junto a su compañero de trabajo
en el diario "El Deber" de Santa Cruz mucho más
tarde, cuando la figura del mandatario empezaba a prometer.
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Con
las anécdotas de Morales en el Chapare bajo el brazo, en
los ratos libres que le arrancaron a su labor en el periódico
viajaron hasta Oruro, donde mantuvieron largas y productivas charlas
con Hugo y Esther, los dos hermanos del presidente.
"Lo
más complicado del acercamiento a Esther fue hacerle entender
que nuestras intenciones no eran malvadas", reconoce Navia
al recordar las conversaciones sostenidas con ella entre tragos
de cerveza y hojas de coca.
TENSIÓN
CON SU HERMANO HUGO
Algunas
partes del libro son fruto de estos encuentros con Esther, principalmente
aquellas relativas a la infancia de Evo, a la "tensa y distante"
relación que tiene actualmente el mandatario con su hermano
Hugo y a lo mucho que le afectó la muerte de sus padres,
a quienes invoca en sus madrugadas para tomar decisiones políticas.
Por
su condición de periodistas, que les permitió
cubrir la campaña electoral previa a la victoria
de Morales en diciembre de 2005, Pinto y Navia afirman que
el acceso a otras fuentes cercanas al aparato gubernamental
que rodea al presidente no fue complicado.
Un
ex asesor del líder boliviano fue quien les contó
que Evo tiene "un hombre de oro que se encarga de cuidar
sus secretos de polleras (faldas)".
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El
presidente de Venezuela, Hugo Chávez, conversa
con su homólogo de Bolivia, Evo Morales, durante
un acto celebrado el 11 de enero de 2007 en el Teatro
Nacional Rubén Darío en Managua (Nicaragua) |
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El
capítulo "Las Evas de Evo", escrito sin ánimo
amarillista según sus autores, se mezcla con aquellos que
desgranan, entre otras cosas, la primera incursión de Morales
en la política en 1988 o la fundación de su partido,
el Movimiento al Socialismo (MAS).
Para
Pinto, la figura de Evo no nace por "generación espontánea",
sino que es el resultado de todos los fracasos políticos
vividos por Bolivia desde su fundación y la herencia de
la actitud "combativa e indomable" de los movimientos
indígenas de este país.