A
Ortega, sus críticos lo acusan de ser "autoritario"
al imponer reformas urgentes al Ejecutivo y congelar enmiendas
constitucionales para controlar más poder.
También
lo acusan de pretender involucrar a Nicaragua en medio de un conflicto
geopolítico internacional al recibir "con honores",
en sus primeros días como presidente constitucional, a
dos acérrimos enemigos de Estados Unidos: Venezuela e Irán.
La
Venezuela de Hugo Chávez, y la República Islámica
de Irán, se han convertido en los principales aliados de
la Nicaragua de Ortega, al ofrecer millonarias ayudas a este empobrecido
país, situado en el segundo lugar más pobre de América
Latina, superado sólo por Haití.
Chávez
fue el protagonista principal de la investidura de Ortega, la
cual se inició con horas de retraso en espera del flamante
jefe de Estado venezolano.
"Al
retrasar el acto institucional al que asistieron otros 13 jefes
de Estado y más de 60 delegaciones internacionales, Ortega
envió un mensaje claro sobre el orden de sus prioridades
en política exterior", opinó el periodista
Carlos F. Chamorro, director de la revista "Confidencial"
e hijo de la ex presidenta nicaragüense Violeta Barrios (1990-1997).
Chávez,
quien dominó el escenario mediático, logró
un día después que Ortega sumara a Nicaragua, junto
a Bolivia, Cuba y Venezuela, al proyecto Alternativa Bolivariana
para las Américas (ALBA), que Caracas impulsa ante el Área
de Libre Comercio para las Américas (ALCA), que promueve
EEUU.
Tres
días después de su asunción al poder, Ortega
recibió al presidente de Irán, Mahmud Ahmadinejad,
quien realizó una gira por Latinoamérica que lo
llevó por Venezuela, Nicaragua y Ecuador.
El
primer anuncio que hicieron ambos Gobiernos fue la reapertura
de sus embajadas en Managua y Teherán.
Tanto
Chávez como Ahmadinejad se declararon "hermanos"
de Ortega y afirmaron que Nicaragua apoyará y denunciará
su campaña contra el "imperialismo mundial".
Ortega,
sin embargo, ha sido prudente y en público, al menos, no
se ha comprometido a respaldar las posiciones de Venezuela e Irán,
y muy por el contrario ha reafirmado que su compromiso es "conspirar"
contra la pobreza en Nicaragua.
Según
analistas locales consultados por Acan-Efe, Ortega se está
manejando entre "Dios y el "Diablo", pero advierten
de que no podrá navegar en "dos aguas" por mucho
tiempo.
El
analista político y ex canciller nicaragüense, Emilio
Álvarez Montalván, advirtió que Ortega definirá
su política exterior en las Naciones Unidas y allí
se verá, con su voto, de que bando está.
El
líder sandinista, que llegó a la presidencia con
un discurso de "amor, paz y reconciliación",
y alejado de sus ataques verbales a Estados Unidos, ha manifestado
su compromiso de mantener armonía con Washington.
"Olvídense
de aquel manso Daniel Ortega de la campaña electoral que
predicaba la reconciliación, del "Give Peace a Chance"
(de John Lennon), aquel jamás pregonó el antiimperialismo
y que hasta votó contra el aborto terapéutico sólo
por quedar bien con la Iglesia Católica", comentó
el editor del diario La Prensa, Fabián Medina.
"No
había llegado su banda al pecho cuando se juntó
con la crema y nata del antiimperialismo, empezó a concentrar
poder en sus manos, y hasta nombró a una ministra de Salud
que ahora se declara a favor del aborto terapéutico",
señaló.
Para
muchos, Ortega ha mostrado en sus primeros días de Gobierno
que está muy lejos de ser el hombre que se vendió
durante la campaña electoral y más cerca del que
dirigió este país en los años 80.
"Repetir
el tipo autoritario de poder y meterse sin necesidad a aventuras
de política exterior, no es sensato y nos expone a desenlaces
dañinos", advirtió Álvarez Montalván.
Ortega,
que ha anunciado que promoverá "profundas reformas"
constitucionales para cambiar el régimen institucional
que rige en este país y convertirlo en "democracia
directa", no habla con los periodistas desde que fue investido.
EFE