La
versión oficial señala que un terrorista suicida
se aproximó a la puerta de un centro religioso chiita custodiado
por varios miembros de las fuerzas de seguridad e hizo estallar
una bomba que acabó en el acto con la vida de diez policías,
entre ellos el alto oficial de Peshawar Malik Saad.
Los
policías protegían el centro chiita en previsión
de altercados con la comunidad suní, que mantienen en la
provincia una difícil convivencia, saldada a menudo con
sangrientos atentados.
Al
menos diez ambulancias fueron enviadas a la entrada del centro
religioso, situado cerca de la gran mezquita suní de Qasim
Alí Khan y del concurrido bazar de Qissa Khawni, donde
todo estaba ya preparado para el inicio de una procesión
chiita en homenaje al imán Hussein, nieto de Mahoma.
Aunque
diez personas murieron en el acto, algunos de los heridos fallecieron
posteriormente debido a la gravedad de las heridas en el hospital
local Lady Reading, que se declaró en estado de emergencia
y donde aún hay tres personas en estado crítico.
La
explosión causó un corte de electricidad que sumió
el lugar en la oscuridad y dificultó las tareas de rescate,
según informó la cadena de televisión paquistaní
Geo Tv.
Ningún
grupo ha reivindicado todavía la autoría del atentado,
pero la provincia del noroeste de Pakistán, cuya capital
es Peshawar, sufre episodios de violencia religiosa con frecuencia.
El
pasado jueves murieron dos personas en otra explosión que
tuvo lugar en un concurrido mercado de la ciudad de Hangu, que
se une a otros dos atentados registrados a mediados de este mes
en los que seis personas perdieron la vida. EFE