El Ministerio
de Relaciones Exteriores de Nicaragua indicó, en un comunicado,
que el Estado nicaragüense es "autónomo y soberano"
y no necesita aprobación de otro Estado para determinar los
medios apropiados para la defensa y resguardo de su soberanía.
Washington reafirmó ayer
que "espera que Nicaragua continúe en el camino ya establecido
de desarme y destrucción de todos los misiles Sam-7"
de fabricación soviética.
El sandinista Daniel Ortega reiteró
anoche su oposición a la destrucción de esos misiles.
"A Nicaragua se le tiene que
respetar y yo voy a defender, con la Constitución y la Ley,
el respeto que se le debe a Nicaragua", redundó el gobernante.
La Cancillería señaló
que Nicaragua es el país en Centroamérica que más
se ha desarmado desde la firma de los Acuerdos presidenciales de
Esquipulas (1986 y 1987), que establecieron las bases de la paz
y el principio del balance razonable de fuerzas para mantener el
equilibrio entre los ejércitos del área.
La fuente agregó que en esos
acuerdos, donde se decidió entregar el inventario de armamentos
de la región a la ONU, también se comprometió
poner fin a la carrera armamentista y dedicar los recursos para
combatir la pobreza y el desempleo.
"Desde 1990, Nicaragua ha sido
el país que ha cumplido estrictamente con el espíritu
y la letra de Esquipulas", alegó.
Por lo tanto, siguió la Cancillería
nicaragüense, "ningún Estado puede esgrimir razón
alguna para exigir de Nicaragua la destrucción unilateral
de su armamento, vital e indispensable para la defensa de su soberanía".
El Gobierno sandinista aprovechó
para invitar al resto de países de la región a efectuar,
cuanto antes, un balance del cumplimiento de esos acuerdos, a fin
de actualizarlos, y sobre esa base relanzar el espíritu integracionista
y unidad de Centroamérica.
En ese sentido, Ortega reafirmó
que Nicaragua es el único país que ha cumplido con
ese balance razonable de fuerzas, contrario a Honduras que ha reforzado
su flota aérea.
Comentó que los "aviones
de guerra" hondureños fueron adquiridos hace tiempo
(años 80) y aunque tienen vencimiento, no los destruyen,
sino que los re-acondicionan, y que se si diera un conflicto entre
Nicaragua y Honduras, en 25 minutos se trasladarían de Tegucigalpa
a Managua para bombardearla.
Agregó, incluso, que si la
flota aérea que va a renovar Honduras no es de aviones de
combate, una aeronave civil también puede ser artillada para
bombardear distintos objetivos.
"Si
en Centroamérica no hubiese aviación de guerra, sencillamente
no habría razón para que tengamos aquí misiles,
pero como en Centroamérica hay esa aviación de guerra,
desgraciadamente nos obligan a tener esos misiles para defender
el país en caso de que se dé una agresión",
sostuvo Ortega.
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El
mandatario nicaragüense pidió a los diputados
de su país no aprobar la destrucción de los
misiles.
"Actúen
con un sentido patriótico, porque ahora te exigen que
hay que destruir los cohetes, mañana que destruyas
los tanques, después la artillería y después
que desaparezcas el Ejército", advirtió.
Las
fuerzas opositoras anunciaron ayer que votarán a favor
de la destrucción de 651 misiles, de los 1.051 en inventarios.
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La
eliminación de cohetes tierra-aire Sam-7 requiere de 47 votos
para su aprobación y el grupo parlamentario liberal y los
disidentes liberales reúnen a 48 de los 92 diputados.
Nicaragua destruyó 1.000
misiles en 2004, respondiendo a una solicitud de EEUU, que pedía
la eliminación total de esos artefactos portátiles,
que se obtuvieron de la desaparecida Unión Soviética
durante la década de los 80.
EEUU
suspendió temporalmente su ayuda militar a Nicaragua, en
julio de 2005, por no destruir esos cohetes, que se lanzan desde
el hombro y tienen capacidad de derribar aviones. EFE
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