A
pesar de que su aspecto y sus maneras encuadran perfectamente en
el prototipo de negro educado, Obama no es descendiente de esclavos
africanos y afroamericanos, que dan a este extremo gran predicamento,
no lo consideran "uno de los suyos".
De
momento, la mayor y más prestigiosa Asociación para
el Progreso de la Gente de Color (NAACP, por su sigla en inglés),
no ha hecho ningún despliegue de apoyo a Obama y los políticos
negros tradicionales en las campañas a la presidencia, como
los reverendos Jesse Jackson y Al Sharpton, le han dedicado tímidos
comentarios.
En
el caso de Sharpton, que aspiró a la candidatura demócrata
en 2004, es quizá porque podría volver a intentarlo
y la competencia "negra" de Obama no le interesa.
El
apoyo de Jackson ha sido también tibio. Ha dejado caer que
no lo ve mal, pero no lo ha respaldado públicamente.
En
los análisis sobre Obama que se prodigan en la prensa, los
expertos subrayan que está claro que los líderes negros
convencionales al estilo Martin Luther King tienen hoy pocas posibilidades
de convencer a quien no forme parte del "núcleo duro"
de los afroamericanos en EEUU.
Por
eso creen que Obama, al que muchos de los negros de a pie no consideran
"su candidato", puede llegar a un sector de esta minoría,
quizá el más educado, pero desde luego no el más
amplio.
Louis
W. un afroamericano cincuentón que trabaja en un supermercado
de Virginia ayudando a llenar las bolsas, lo tiene claro. "Ser
negro es más que tener la piel negra... hombre, es compartir
miserias, raíces, problemas, y creo que él (Obama)
no sabe mucho de eso".
Pero
el panorama puede mejorar para este candidato cuando se trata de
los jóvenes afroamericanos a quienes, como a Germaine, que
este año termina la escuela secundaria en Washington les
gusta Obama.
"Es
guapo... y dice cosas interesantes. !No sólo habla del pasado¡",
afirma, y por eso dice que "si se le puede votar (porque consiga
la candidatura) le votaré".
Mientras,
el senador, que saltó al estrellato de la política
nacional tras pronunciar el discurso central de la Convención
Nacional Demócrata de 2004, está confiado en que,
"cuando sepan quién soy, nos irá bien".
De
momento, las encuestas de intención de voto indican que los
afroamericanos están más por la candidatura de Hillary
Clinton que por la de Barack Omaba y los separan nada menos que
15 puntos.
Pero
para los blancos, Obama es negro, por mucho que haya ido a exclusivas
escuelas de blancos en Hawai, de que oficialmente sea mulato y de
que se haya educado en la prestigiosa Universidad de Columbia, en
Nueva York.
Es
negro, y como destacaba esta semana la revista Time, "está
casado con una negra. Va a una Iglesia negra y vive y trabaja en
un vecindario negro y pobre del sur de Chicago. Alguien mezclado
como él podría haber elegido" y en su opinión,
él ha elegido ser negro.
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Al
senador demócrata por Delaware y también aspirante
a la candidatura, Joseph Biden, le queda muy claro. Para él,
Obama es una persona "brillante", una de las personas
más "coherentes" que conoce... Y, además,
dijo sin pensarlo bien: "también es muy limpio".
Sus
palabras, repetidas por la prensa y tachadas de racistas,
obligaron al senador a pedir disculpas. Pero hay quien piensa
que ese lapso ya le ha costado la candidatura a Biden.
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Porque
no hay que olvidarse de que, por encima de todo, existe la "Obama-manía",
un movimiento de entusiastas, blancos y negros, capaces de todo
por el senador de Illinois.
En
esos círculos, Obama levanta un fanatismo desenfrenado. Baste
como prueba la presentación que de él hizo recientemente
en una cena de recaudación de fondos en Manchester el gobernador
demócrata de Nueva Hampshire, John Lynch.
"Habíamos
pensado que la estrella del evento fueran los Rolling Stones, pero
lo cancelamos al darnos cuenta de que Obama vendía más
entradas". EFE
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