El tribunal,
que inició el proceso en enero pasado, fijará a mediados
de marzo próximo los años de cárcel que deberán
cumplir Miralda y Ramírez, quienes, al igual que los otros
dos acusados, son miembros de la pandilla "Mara Salvatrucha",
agregó.
En
total, las condenas contra los declarados culpables podrían
sumar más de 600 años de cárcel, pero la "prisión
efectiva" sería de 30 años, de acuerdo con la
legislación penal hondureña, explicaron otras fuentes
judiciales.
Menjívar
se mostró satisfecho porque "la Fiscalía había
solicitado un fallo en los términos en que se ha pronunciado
el tribunal, estamos conformes".
Miralda
y Ramírez fueron condenados por asesinato, tentativa de asesinato,
porte ilegal de armas y asociación ilícita.
La
Fiscalía aportó numerosas pruebas, indicios y testimonios
contra Miralda y Ramírez, pero no pudo en el caso de Gómez
y Mendoza, por lo que pidió su absolución.
Menjívar
explicó que, a pesar del fallo condenatorio, la Fiscalía
no da por cerrado el caso y continuará las investigaciones
porque tiene la seguridad de que otros pandilleros participaron
en la matanza, aunque se desconoce quiénes son.
"Estamos
en la obligación de descubrir" a los otros participantes,
pues "tenemos indicios de que fueron de seis a ocho personas
y sólo cuatro vinieron a juicio; además el móvil
no ha podido ser determinado", enfatizó Menjívar.
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En
la noche del 23 de diciembre de 2004, varios hombres dispararon
con fusiles AK-47 y M-16 contra un autobús del servicio
urbano de San Pedro Sula en el que viajaban al menos 70 personas
que regresaban a Chamelecón, al sur de esa ciudad. |
Los
delincuentes asesinaron a 28 personas, seis de ellas niños,
mientras que otras 29 resultaron heridas y unas 13 salieron ilesas.
Antes
de huir, los victimarios pintaron en el vehículo un mensaje
con ofensas a los entonces presidente de Honduras, Ricardo Maduro;
titular del Parlamento, Porfirio Lobo, y ministro de Seguridad,
Oscar Alvarez.
El
Gobierno de Maduro (2002-2006) libró un fuerte combate contra
las maras, aunque el propio ex presidente admitió que esa
lucha fue insuficiente para acabar con la violencia, que sigue azotando
a los hondureños.
El
supuesto cabecilla de la matanza, Juan Bautista Jiménez,
también pandillero, apareció ahorcado semanas después
en un baño de la Penitenciaría Nacional, en las afueras
de Tegucigalpa.
Uno
de los aspectos de este caso no esclarecido hasta ahora es la versión,
de un testigo protegido, de que un capitán del Ejército
de Honduras, no identificado, supuestamente vendió a los
autores los fusiles AK-47 y M-16 que fueron utilizados en el múltiple
crimen EFE.
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