El objetivo
de este viaje, según el gobierno, es estrechar lazos con
los Ejecutivos que ganaron las elecciones en la región el
año pasado, resaltar la colaboración que EEUU desarrolla
en la región y transmitir el mensaje de que "nos interesan
sus problemas".
Washington quiere demostrar, según
el consejero de Seguridad Nacional, Stephen Hadley, que no tiene
problemas en colaborar con gobiernos de uno u otro color, siempre
que tomen las "decisiones correctas".
En este sentido, la gira está
cuidadosamente equilibrada: Bush se reunirá con dirigentes
tanto conservadores, como el colombiano Álvaro Uribe o el
mexicano Felipe Calderón, como izquierdistas del corte del
brasileño Luiz Inácio Lula da Silva o el uruguayo
Tabaré Vázquez.
Geográficamente, los países
también se han seleccionado para representar a todo el continente,
desde el Cono Sur hasta México, pasando por los andinos y
Centroamérica.
Ya antes de la gira, tanto Bush
como su gobierno se han esforzado en transmitir su mensaje de cooperación
en sucesivas entrevistas y ruedas de prensa.
Incluso, de modo poco habitual,
esta semana Bush dedicó un discurso exclusivamente a la región,
en el que anunció una serie de programas -de relativamente
modesta dotación económica- para mejorar la educación,
la sanidad o el acceso a la vivienda.
Apuntó que la desigualdad
social y la exclusión son "intolerables" en la
región.
En sus declaraciones esta semana
sobre su viaje, Bush ha tenido buen cuidado en salpicar su vocabulario
de expresiones como "justicia social" o "pleno desarrollo
del potencial de la población".
No es casualidad el uso de este
lenguaje. Una de las razones de esta gira, según los analistas,
es intentar contrarrestar la influencia de la corriente populista
abanderada por el presidente venezolano Hugo Chávez.
El secretario de Estado adjunto
para América Latina, Thomas Shannon, aseguró que no
se trata de esto. "Esto no es una competición",
indicó.
EEUU pretende lanzar un mensaje
positivo de cooperación, mientras que Chávez propone
una receta "de confrontación", que "crea dependencia
del petróleo barato y la ayuda extranjera", manifestó.
Pero Peter Hakim, del Diálogo
Interamericano, apuntó que "hay una verdadera preocupación
en Washington acerca de a dónde van las relaciones con América
Latina. Está claro que hay un gran sentimiento anti estadounidense
en la región".
Sin embargo, los expertos también
advierten que no es sólo el "factor Chávez"
lo que motiva el viaje.
La atención de EEUU a la
guerra de Irak y la lucha contra el terrorismo ha creado un vacío
de influencia en América Latina que no sólo Chávez,
sino también China, o incluso el presidente iraní,
Mahmud Ahmadineyad -que estrecha lazos con Venezuela-, están
aprovechando para aumentar su influencia política y económica
en la región.
Ante ello, en sus intervenciones
esta semana, Bush hizo hincapié en la efectividad de los
programas de EEUU. "Nuestra presencia es a veces muy callada,
pero muy efectiva", aseguró.
El presidente ha recordado que durante
su mandato se ha doblado la ayuda anual a la región, de 800
a 1.600 millones de dólares, entre otros ejemplos.
Sin embargo, el centro de estudios
de corte progresista Washington Office for Latin America (WOLA)
remarca que la mayor parte de ese dinero se concentra en Colombia,
uno de los principales aliados de EEUU en la región.
Del resto, hay fondos que, aun aprobados,
todavía no se han desembolsado.
Los analistas puntualizan que, como
algo tangible y nuevo, Bush sólo lleva a la región
en esta gira el acuerdo con Brasil para compartir tecnología
para la producción de biocombustibles.
Hakim apunta que "nadie tiene
en mente" que vaya a haber un gran cambio en la política
de EEUU hacia América Latina, mientras que Michael Shifter,
también del Diálogo Interamericano, opina que "las
expectativas (sobre el viaje) son bajas".
Como
en toda campaña publicitaria, lo interesante será
ver si se queda en meras promesas o el producto que se promociona,
de verdad, merece la pena. EFE |