Roxana,
que se identifica únicamente por su primer nombre, es una
de los más de siete mil menores que cada año son
detenidos en Estados Unidos tras cruzar la frontera ilegalmente.
Cada día, niños y adolescentes centroamericanos
y suramericanos llegan solos a territorio estadounidense en busca
de sus padres o de un trabajo que les permita ayudar a subsistir
a las familias que dejaron atrás.
La joven recordó que sus hermanos esperaban
constantemente el regreso de su madre y por ello decidieron emprender
el viaje que pensaban permitiría a la más pequeña
ver en persona a su madre, cuyo rostro había olvidado.
"A ella era a la que más le hacía
falta, porque tenía seis años cuando mi mamá
se fue a Estados Unidos y le han hecho mucha falta sus abrazos",
afirmó.
La tristeza que embargaba a sus hermanos menores,
de 12 y 15 años, fue lo que los llevó finalmente
a decidirse a emprender el viaje y salir una mañana con
rumbo a México, la vía obligada para llegar a Estados
Unidos desde su natal Honduras, recordó.
Tras un recorrido de un mes, en el que viajaron
en trenes y camiones acompañados de un coyote al que dieron
el poco dinero que traían para el trayecto, debieron continuar
solos después de que éste les abandonara en Matamoros,
México.
Al intentar cruzar la frontera fueron detenidos
a orillas del Río Bravo por agentes de la Patrulla Fronteriza
de Estados Unidos, que los llevó al albergue "South
West Key" en El Paso.
"Ya llamamos a mi mamá, pero ella
está en Pensilvania, y dice que no puede venir por nosotros",
manifestó con desesperanza la menor, que recordó
que en su paso por México sufrieron de hambre y frío,
pero no de abusos.
La directora del albergue, Adriana Sáenz,
comentó que la madre de los menores se casó en Estados
Unidos y tiene una niña de un año de edad.
"Pero todavía no arregla sus papeles
y tiene miedo de que la agarre la migración", explicó
Roxana, que será repatriada a Honduras de no prosperar
la petición de custodia de un tío en Estados Unidos.
Al igual que Roxana y sus hermanos, Jazmín,
una joven de 16 años también procedente de Honduras,
inició sola el viaje a Estados Unidos con la esperanza
de un mejor futuro.
Jazmín, que no quiso revelar su apellido,
aun se muestra tímida y recelosa a consecuencia de los
abusos sufridos durante el viaje, en el que asegura haber sido
secuestrada en varias ocasiones.
La primera vez fue secuestrada en México
por tres policías del Distrito Federal que la retuvieron
varios días, y la segunda, por tres polleros o coyotes
que tenían detenidas a otras jóvenes como ella,
señaló.
"Una muchacha me ayudo a escapar", dijo
la joven, que tras quedar en libertad acudió a pedir ayuda
a un centro de asistencia para inmigrantes.
"Quiero irme a mi país y no quiero
regresar más", aseguró la joven, que salió
de Honduras en busca de un trabajo que le permitiera enviar dinero
a su madre y sus hermanos.
Roxana y Jazmín reciben asistencia legal
por parte de la organización Servicios para Inmigrantes
de Las Américas, que se encarga de buscar que los menores
que cruzan la frontera solos permanezcan en el país bajo
custodia de algún familiar, o que se les brinde la opción
de regresar voluntariamente a sus países en lugar de deportarlos.
EFE