Los
periodistas y los medios de comunicación de las
Américas siguen enfrentado escollos para el ejercicio
libre de la profesión. El crimen organizado y la
corrupción siguen siendo las principales fuentes
de violencia que coartan el derecho del público
a la información. En los últimos 12 meses,
desde la pasada conmemoración del Día Mundial
de la Libertad de Prensa, 15 periodistas fueron asesinados:
ocho en México, dos Colombia, dos en Venezuela,
uno en Guatemala, uno en Haití y uno en Perú;
mientras que otros tres permanecen desaparecidos en México.
También se denuncian constantemente amenazas de
muerte contra reporteros en Brasil, Colombia, Ecuador,
Guatemala, Honduras, Paraguay, Perú, República
Dominicana, Uruguay y Venezuela.
Por
otra parte, el pésimo comportamiento de las autoridades
gubernamentales, particularmente en Cuba y Venezuela,
respecto a la falta de garantías para que los ciudadanos
puedan ejercer su derecho a recibir y buscar información,
así como los atropellos constantes contra la prensa,
mantienen en actitud vigilante a nuestra organización.
Cuba se destaca por ser la mayor prisión de las
Américas. Veintinueve periodistas cumplen sentencias,
en algunos casos de hasta 27 años, y en los últimos
meses se ha denunciado un recrudecimiento de los actos
de hostigamiento contra la prensa independiente y contra
la prensa extranjera, no permitiendo la libre movilización
de los periodistas. Tres corresponsales extranjeros tuvieron
que abandonar Cuba porque no se les renovó el permiso
de permanencia y a otros periodistas cubanos independientes
se les continúa impidiendo la salida del país.
En Venezuela, el presidente Hugo Chávez, ejerciendo
cada día un poder más absoluto y sin justificación
legal ni técnica, insiste en que no renovará
la licencia de Radio Caracas Televisión (RCTV),
por el solo hecho de estar molesto por la voz crítica
de ese canal. A otros medios se les imponen multas, se
les coacciona impositivamente, se les discrimina en su
labor profesional no brindándoseles acceso a fuentes
informativas y se utiliza la distribución de publicidad
oficial como medida de premio y castigo. Las autoridades
gubernamentales no tienen empacho en idealizar un país
en el que los medios de comunicación tengan una
actitud editorial sumisa.
Las fricciones entre el periodismo y los gobiernos son
naturales en el sistema democrático, ya que por
delegación social los medios tienen el deber de
vigilar los actos públicos. Sin embargo, se observa
con alarma, como numerosos gobiernos utilizan arbitrariamente
ciertas prerrogativas y privilegios para debilitar la
credibilidad y la acción de medios y periodistas,
como sucede constantemente en países donde los
titulares del Poder Ejecutivo critican vehementemente
a los medios de comunicación y a los periodistas
cuando se les incomoda con publicaciones sobre sus actos
(Argentina, Bolivia, Ecuador, Honduras, Nicaragua, Uruguay);
se promueven manifestaciones públicas y no libres
de riesgo contra medios y periodistas (Bolivia, Cuba,
Ecuador, Venezuela); o se les discrimina o amenaza con
discriminar con el otorgamiento de publicidad oficial
como si se trataran de recursos propios y no públicos
(Argentina, Aruba, Ecuador, Guyana, Uruguay, Venezuela).
Los forcejeos entre la justicia y los medios de comunicación
también tienen una peculiar importancia. En Brasil,
Colombia y Paraguay son habituales las órdenes
judiciales de censura previa o indemnizaciones estrafalarias
que restringen o detienen investigaciones, o que incluso
ponen en riesgo la operatividad de los medios o incentivan
a que éstos se autocensuren. Por ejemplo en Panamá,
donde 33 periodistas enfrentan litigios, que pueden terminar
en multas sustanciosas o en amenazas de cárcel,
es indudable que la autocensura puede estar debilitando
a la prensa. En Estados Unidos, un país cuyo gobierno
tradicionalmente respeta una amplia libertad de expresión,
vemos como numerosos periodistas siguen siendo llevados
a la cárcel por defender la confidencialidad de
las fuentes.
Mientras éste es un panorama desolador, no podemos
dejar de señalar un profundo cambio que se está
gestando en las Américas. Los gobiernos están
interpretando mucho mejor los principios que rigen a la
libertad de expresión. En los últimos años,
varios países han dictado leyes de acceso a la
información pública, las cuales si bien
no tienen un impacto directo o que se pueda medir en estos
momentos, seguramente serán relevantes en el futuro
para crear democracias más fuertes y sólidas,
en las que cualquier ciudadano podrá controlar
y estar orientado sobre la acción de sus gobernantes.
Sin lugar a dudas, la mejor noticia que en materia de
libertad de expresión la sociedad pudo haber tenido
en lo que va de este año, es la promulgación
de una ley en México que despenaliza los delitos
de injuria y calumnia, permitiendo que los ciudadanos
no se sientan amedrentados por ir a la cárcel cuando
formulen críticas u opiniones. México se
ha unido a El Salvador en este contexto, y en la SIP confiamos
que otras naciones también vayan adoptando esta
filosofía en procura de una sociedad más
justa y democrática.
*El Día Mundial de la Libertad de Prensa que se
celebra el 3 de mayo, fue instaurado en conmemoración
de la Declaración de Windhoek, documento que contiene
principios sobre la defensa de la libertad de prensa,
redactado en 1991 durante una reunión de periodistas
africanos impulsada por la Organización de las
Naciones Unidas para la Educación , la Ciencia
y la Cultura (UNESCO).