«Han
pasado quince años después de la Conferencia de
Santo Domingo, hemos cruzado el umbral del tercer milenio, estamos
ya frente a desafíos que eran inéditos en aquel
entonces, como toda la revolución biogenética, con
aquellas fronteras que Juan Pablo II llamaba en la “Novo
Millennio Ineunte” las fronteras de la nueva evangelización,
y están ahí desafiándonos», aclara
en un entrevista publicada por IVICON.
«Tenemos toda la fuerza de una globalización, que
se ha reducido a lo económico y que, por consiguiente,
está deshumanizándonos; y una revolución
informática que está tristemente incomunicando.
Muchos jóvenes han escogido los medios de comunicación
para incomunicarse, para aislarse».
«Todo
eso desafía a la evangelización y, desde el punto
de vista de discípulos y misioneros, creo que Aparecida
será un signo de esperanza y al mismo tiempo una respuesta,
pues debemos dar una respuesta», aclara.
Al
confesar sus esperanzas por esta Conferencia, que será
inaugurada por el Papa el 13 de mayo, el cardenal afirma que «el
modelo pastoral que estamos aplicando está agotado y por
consiguiente estamos un poco desorientados».
«Necesitamos
un nuevo fuego, un nuevo impulso, y creo que la Conferencia de
Aparecida lo puede dar. Al menos la preparación ha sido
muy intensiva». «Ahora esperamos no defraudarlos»,
reconoce.
«Cuando
se pierde el ímpetu misionero empezamos a envejecer y a
morir, porque la Iglesia es misionera por constitución:
ser misionera es un elemento indispensable de su identidad»,
insiste.
«De
hecho, la palabra del Señor es clara: “Id”.
Cuando se nos olvida que somos enviados nos instalamos y entonces
es ya muy poco lo que tenemos que decir a un mundo que necesita
siempre el fermento evangélico», subraya.
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Según
el cardenal la Iglesia ha perdido gancho en América
Latina «por acostumbrarnos a un modelo pastoral y
querer hacer más de lo mismo».
«Pero
el Espíritu Santo ni está de vacaciones ni
duerme. Nos falta apertura al discernimiento de los signos
de los tiempos cuando los tenemos muy provocadores hoy día:
uno de ellos es la opción por los pobres, pero ya
requiere respuesta».
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«Para
mí la opción por los pobres está tomando
un cariz muy evidente y se llama reducir la desigualdad, porque
América Latina es el continente más desigual del
mundo y reducir estas desigualdades es lo que tenemos que hacer;
cómo hacerlo es otro desafío enorme», asegura.
Otro
de los desafíos que tiene la Iglesia en Latinoamérica,
según el cardenal, es el de la evangelización de
la política. «La Iglesia no se debe meter en política.
Al contrario, la Iglesia debe evangelizar a los políticos
y el mundo de la política», aclara.
«¿Por
qué será que muchos católicos cuando entran
en la política se olvidan de Cristo y del Evangelio y se
acercan más al Príncipe de Maquiavelo?», se
pregunta y responde: «Porque no hay esa raíz y se
piensa que lo espiritual es algo privatizado, se quiere privatizar
la fe y la misma práctica religiosa y eso es un error porque
la fe cristiana básicamente es comunitaria y si nos olvidamos
del bien común y de la Iglesia como comunidad, estamos
transmitiendo un mensaje equivocado».
Por
lo que se refiere al viaje del Papa a Brasil, considera que «tiene
mucha importancia porque es el primer viaje que hace como Papa
a América Latina. Estamos esperando su discurso inaugural
de la Conferencia, que sin duda será un discurso muy importante,
y esperamos que él nos sabrá poner los puntos sobre
las íes en la problemática aguda del continente».