Sao Paulo, 10 may (EFE).- El presidente de Brasil, Luiz Inácio
Lula da Silva, conversó sobre la juventud, la familia y
la solidaridad internacional con el Papa Benedicto XVI, durante
el encuentro que ambos mantuvieron en el Palacio de Bandeirantes,
sede del gobierno del estado de Sao Paulo.
Según
fuentes oficiales, la misión de la Iglesia y el Estado
en la construcción de la paz fue también uno de
los temas abordados por Lula y el pontífice, quien fue
recibido como jefe de Estado del Vaticano, y no como líder
religioso.
Otros
asuntos a los que dieron repaso fueron la educación, los
programas de apoyo social y la ayuda al desarrollo con tecnologías
como la utilizada en la producción de biocombustibles,
un sector en expansión en Brasil sobre el que la Iglesia
católica ha expresado reticencias por temer un impacto
negativo sobre el equilibrio ecológico y la seguridad alimentaria.
Según
la embajadora de Brasil en el Vaticano, Vera Machado, el presidente
presentó al Papa algunos programas de ayuda social, como
el de subsidios para familias de baja renta conocido como "Bolsa
Familia".
Lula
defendió en líneas generales una reestructuración
de los valores de la familia, explicó Machado, quien dijo
que hay coincidencia de opiniones entre el gobierno y el Vaticano
en que un refuerzo en esa área permitiría reforzar
también los valores de la sociedad.
Por
otra parte, el presidente subrayó que la V Conferencia
General de los Obispos de América Latina y el Caribe (Celam)
que Benedicto XVI inaugurará el domingo en la ciudad de
Aparecida (Sao Paulo) debería ayudar a impulsar la integración
latinoamericana por la vía religiosa, en paralelo a la
que promueven los gobiernos en el área política
y económica.
Según
la diplomática, los dos líderes no abordaron el
polémico tema del aborto, al que el Papa aludió
en su primer discurso en Brasil el viernes al hacer una firme
defensa de la vida en todas sus etapas, o el uso del preservativo.
La
reunión, en la que estuvo la primera dama de Brasil, Marisa
Leticia, se celebró a puerta cerrada y fue seguida de otra
entre el Papa y el gobernador de Sao Paulo, José Serra,
junto con su esposa, Mónica Serra.
Los
encuentros en el Palacio de Bandeirantes eran el primer acto oficial
en la agenda de hoy del pontífice y tenían un fuerte
carácter protocolario.
La
visita a la sede del gobierno fue la ocasión para intercambiar
regalos entre autoridades brasileñas y Benedicto XVI, quien
ofreció al presidente, al gobernador y a sus familiares
unos rosarios.
Lula
entrego al pontífice un libro de arte de Cándido
Portinari, mientras que la primera dama le ofreció un retrato
del propio Benedicto XVI realizado por Roberto Camasmie y Serra
una Biblia ilustrada en portugués de 15 kilos.
Algunos
invitados pudieron besar la mano al Papa, quien tuvo gestos cariñosos
con los nietos de Lula y de Serra, a los que bendijo.
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Finalmente,
Lula ofreció un ejemplar del sello que comenzó
a circular esta semana en Brasil con la imagen del Papa
en primer plano y al fondo el Santuario de Aparecida, que
tiene una tirada de 2,040 millones de ejemplares y un valor
de 0,90 reales (unos 45 centavos de dólar). |
El
Papa permaneció una hora en la sede del gobierno, y desde
allí regresó al Monasterio de Sao Bento, donde tenía
previsto un encuentro con representantes de otras confesiones
religiosas a los que apelará para una acción común
en favor de la persona humana.
A
su llegada, Benedicto XVI se saltó por tercera vez el protocolo
y salió al balcón a bendecir a los cientos de personas
que esperaban en la entrada del monasterio con la esperanza de
verle.
Tras
un almuerzo con la presidencia de la Conferencia Nacional de los
Obispos de Brasil y los miembros de la comitiva papal, está
previsto su traslado al estadio Paulo Machado de Carvalho, conocido
como Pacaembu, donde está previsto el encuentro con la
juventud católica.
El
ingreso al estadio está limitado a unas 40.000 personas
que obtuvieron invitación en las diferentes diócesis
de la Iglesia católica, pero se espera que el evento reúna
a 100.000 personas que seguirán el discurso del papa a
través de grandes pantallas. EFE