Londres
- La violencia contra las mujeres y los niños, y las amenazas
contra los defensores de los derechos humanos registraron un fuerte
aumento en El Salvador, Honduras, Guatemala y Nicaragua, según
el último informe de Amnistía Internacional, que
destaca la falta de avances en la lucha contra la impunidad.
El
informe, hecho público hoy en Londres, sobre "El estado
de los derechos humanos en el mundo" el año pasado,
no incluye a Costa Rica y Panamá porque, según la
organización, no había datos suficientes y significativos.
En
El Salvador, las denuncias de violencia contra las mujeres (286
fueron asesinadas entre enero y agosto) continuaron, hubo amenazas
contra los defensores de los derechos humanos y activistas políticos,
y creció la preocupación entre la población
y organizaciones civiles por la posible reaparición de
escuadrones de la muerte.
AI
denuncia que la intranquilidad por la situación de la seguridad
se mantuvo en este país, donde las desapariciones forzadas
y otras violaciones de los derechos humanos cometidas en el pasado
siguieron impunes y las investigaciones fueron inadecuadas.
Cita
la desaparición forzada de Ernestina y Erlinda Serrano
Cruz, de 3 y 7 años, durante una operación militar
en Chalatenango, en 1982, cuya investigación fue recomendada
al Estado por la Corte Interamericana de Derechos Humanos y que
se ha incumplido total o parcialmente.
También
recuerda otros casos de menores desaparecidos durante el conflicto
armado y añade que está pendiente una decisión
sobre la responsabilidad del Estado.
El
documento destaca las protestas de organizaciones de derechos
humanos y de la sociedad civil por la Ley Especial contra Actos
de Terrorismo, aprobada por el Gobierno salvadoreño el
pasado septiembre, y que, en su opinión, pone en peligro
los derechos humanos, incluida la libertad de reunión y
expresión.
En
Honduras, la organización defensora de los derechos humanos
destaca los altos índices de violencia contra los niños
y jóvenes, 400 de los cuales murieron de forma violenta
el año pasado, y en la mayoría de los casos sin
que haya actuado la justicia.
El
mismo destino siguieron las mujeres, ya que unas 150 perdieron
la vida violentamente, muchas de ellas en el ámbito familiar,
pero las autoridades no ofrecieron, en general, una respuesta
eficaz contra la violencia de género.
Según
AI, continuaron los ataques, amenazas y actos de intimidación
contra personas y organizaciones defensoras de los derechos humanos
de las comunidades indígenas y rurales.
Jessica
García, dirigente de la comunidad garífuna en San
Juan Tela, en el norteño departamento de Atlántida,
fue presuntamente amenazada y obligada a punta de pistola a firmar
una cesión de tierras a una compañía que,
según informes, planeaba construir un complejo turístico.
En
este caso, al igual que en la mayoría, las autoridades
no pusieron a los responsables a disposición de la justicia.
En
Guatemala, se mantuvieron los altos niveles de criminalidad, que
afectaron a todos los sectores de la sociedad.
Al
menos 580 mujeres fueron asesinadas y tan sólo seis personas
fueron condenadas por estos asesinatos, que en muchos casos implicaron
violencia sexual.

El
informe señala que un número muy elevado de personas
con bajos ingresos y acceso limitado a los servicios sanitarios
y a la educación eran mujeres, indígenas y habitantes
de zonas rurales, donde, además, continuaron los desalojos
forzosos.
Unas
400 personas de la finca San José La Mocá, departamento
de Alta Verapaz, fueron desalojados por la fuerza. La comunidad
mantenía una disputa con el propietario de la finca en
relación con salarios presuntamente no abonados.
AI
denuncia que aumentaron las amenazas y la intimidación
contra defensores de los derechos humanos, y que no se registraron
avances significativos en la lucha contra la impunidad ni en la
eliminación de grupos clandestinos.
También
en Nicaragua se incrementaron los índices de violencia
contra las mujeres y las protestas de ex trabajadores agrícolas
con problemas de salud por la exposición a un pesticida,
debido a presuntas irregularidades y corrupción en el pago
de indemnizaciones.
Según
ONG locales, más de 1.380 personas murieron entre 2003
y 2006 debido a enfermedades relacionadas con un pesticida.
Asimismo,
varias comunidades indígenas denunciaron públicamente
ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos que
el gobierno seguía vulnerando sus derechos, con la demarcación
de tierras comunales de forma inadecuada y la promoción
de actividades madereras no reguladas. EFE