Bush comienza su gira
europea con una apuesta
por el escudo antimisiles

 
04 de junio de 2007

Praga - El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, partió hoy de Washington a una gira europea con una primera parada en la República Checa para dejar clara su determinación de desplegar un escudo antimisiles en Europa del Este.


Bush, que llega esta noche a Praga, ha retomado el sueño del viejo proyecto de "Guerras de las Galaxias" del icono republicano por definición, Ronald Reagan, y ha apostado por un sistema para derribar proyectiles de camino a territorio estadounidense.

El mecanismo cuenta con interceptores y radares en la costa Oeste de EEUU, con el objetivo puesto en Corea del Norte, pero para neutralizar cohetes iraníes Washington necesita otra barrera en Europa, según el gobierno estadounidense.

Ahí es donde entran la República Checa, donde EEUU pretende colocar un radar, y Polonia, donde cavará silos subterráneos para diez interceptores, y que no por casualidad será otra de las paradas de su gira europea de ocho días.

La visita de Bush es una manera de expresar que Estados Unidos respalda a ambos países frente a la presión de una Rusia que aún considera a Europa del Este como el portal de su casa, según los expertos.

En Praga, el Gobierno le reiterará su apoyo a la idea, pese al rechazo de un 61 por ciento de los checos, frente a tan sólo un 30 por ciento que apoya el plan, según una reciente encuesta de la empresa Factum Invenio.

El movimiento "No a las bases" tiene prevista una manifestación hoy frente el Ministerio de Exteriores, después de que las autoridades les prohibieran acercarse al Castillo de Praga, donde Bush pasará mañana la mayor parte del día.

Además, un grupo comunista se paseará con sus pancartas delante de la embajada estadounidense.

Mañana habrá otra protesta en las inmediaciones de la zona militar de Jince, a unos 70 kilómetros al sudoeste de Praga, donde está previsto que en 2012 funcionará el radar, si siguen adelante los planes de EEUU.

Se espera que participen vecinos de los pueblos de la región, que han votado contra el proyecto en referendos recientes, que sin embargo no son vinculantes.

Aún así, no se prevén grandes manifestaciones, pues en la República Checa no se respira el anti-americanismo de otras regiones del mundo. Tras cuatro décadas en el lado soviético de la Guerra Fría, muchos checos ven en Washington una vía para escapar de la sombra rusa e integrarse en la esfera de los gobiernos occidentales.

Bush se topará con el repudio más ruidoso a sus planes -tanto militares como sobre el calentamiento global- en Alemania, a donde viajará mañana por la noche para participar en la cumbre de los ocho países más industrializados del mundo, el G8.

El sábado decenas de miles de personas se manifestaron en la localidad alemana de Rostock y unas mil resultaron heridas en enfrentamientos con la policía.

Bush estará lejos de las protestas, protegido en un hotel de lujo en Heiligendamm, pero puede que no sienta un ambiente mucho más cálido dentro del perímetro de seguridad alrededor de ese balneario báltico, donde tendrán lugar las reuniones del G8.

El jueves, el presidente se reunirá con su colega ruso, Vladimir Putin, que echa humo por el plan militar estadounidense.

El hombre nacido en la antigua Leningrado hizo hoy en Moscú unas declaraciones dignas del tiempo en que era agente de la KGB, al sugerir que apuntará los misiles rusos a Europa si Washington no ceja en su empeño.

"En caso de despliegue de un escudo antimisiles en Europa, hoy lo advertimos, habrá respuesta. Necesitamos garantizar nuestra seguridad", dijo Putin.

La Casa Blanca insiste en que el escudo está dirigido a anular la amenaza de Irán y de países semejantes.

Ese argumento no le ha granjeado hasta ahora gran entusiasmo entre otros países europeos respecto al escudo, que protegería a una parte del continente, pero dejaría fuera a España y Portugal, por ejemplo.

La canciller alemana, Angela Merkel, ha dicho que el sistema debería estar integrado en la estructura de la OTAN, en lugar de funcionar en base a acuerdos bilaterales de Washington con Praga y Varsovia.

Estas diferencias, junto con los desacuerdos sobre qué hacer para detener el cambio climático, auguran que Bush deberá sudar la gota gorda en la gira que comienza hoy, que se plantea como una de las más difíciles de su mandato. EFE

 
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