Bush,
que llega esta noche a Praga, ha retomado el sueño del
viejo proyecto de "Guerras de las Galaxias" del icono
republicano por definición, Ronald Reagan, y ha apostado
por un sistema para derribar proyectiles de camino a territorio
estadounidense.
El mecanismo cuenta con interceptores y radares
en la costa Oeste de EEUU, con el objetivo puesto en Corea del
Norte, pero para neutralizar cohetes iraníes Washington
necesita otra barrera en Europa, según el gobierno estadounidense.
Ahí es donde entran la República
Checa, donde EEUU pretende colocar un radar, y Polonia, donde
cavará silos subterráneos para diez interceptores,
y que no por casualidad será otra de las paradas de su
gira europea de ocho días.
La visita de Bush es una manera de expresar que
Estados Unidos respalda a ambos países frente a la presión
de una Rusia que aún considera a Europa del Este como el
portal de su casa, según los expertos.
En Praga, el Gobierno le reiterará su apoyo
a la idea, pese al rechazo de un 61 por ciento de los checos,
frente a tan sólo un 30 por ciento que apoya el plan, según
una reciente encuesta de la empresa Factum Invenio.
El movimiento "No a las bases" tiene
prevista una manifestación hoy frente el Ministerio de
Exteriores, después de que las autoridades les prohibieran
acercarse al Castillo de Praga, donde Bush pasará mañana
la mayor parte del día.
Además, un grupo comunista se paseará
con sus pancartas delante de la embajada estadounidense.
Mañana habrá otra protesta en las
inmediaciones de la zona militar de Jince, a unos 70 kilómetros
al sudoeste de Praga, donde está previsto que en 2012 funcionará
el radar, si siguen adelante los planes de EEUU.
Se espera que participen vecinos de los pueblos
de la región, que han votado contra el proyecto en referendos
recientes, que sin embargo no son vinculantes.
Aún así, no se prevén grandes
manifestaciones, pues en la República Checa no se respira
el anti-americanismo de otras regiones del mundo. Tras cuatro
décadas en el lado soviético de la Guerra Fría,
muchos checos ven en Washington una vía para escapar de
la sombra rusa e integrarse en la esfera de los gobiernos occidentales.
Bush se topará con el repudio más
ruidoso a sus planes -tanto militares como sobre el calentamiento
global- en Alemania, a donde viajará mañana por
la noche para participar en la cumbre de los ocho países
más industrializados del mundo, el G8.
El sábado decenas de miles de personas
se manifestaron en la localidad alemana de Rostock y unas mil
resultaron heridas en enfrentamientos con la policía.
Bush estará lejos de las protestas, protegido
en un hotel de lujo en Heiligendamm, pero puede que no sienta
un ambiente mucho más cálido dentro del perímetro
de seguridad alrededor de ese balneario báltico, donde
tendrán lugar las reuniones del G8.
El jueves, el presidente se reunirá con
su colega ruso, Vladimir Putin, que echa humo por el plan militar
estadounidense.
El hombre nacido en la antigua Leningrado hizo
hoy en Moscú unas declaraciones dignas del tiempo en que
era agente de la KGB, al sugerir que apuntará los misiles
rusos a Europa si Washington no ceja en su empeño.
"En caso de despliegue de un escudo antimisiles
en Europa, hoy lo advertimos, habrá respuesta. Necesitamos
garantizar nuestra seguridad", dijo Putin.
La Casa Blanca insiste en que el escudo está
dirigido a anular la amenaza de Irán y de países
semejantes.
Ese argumento no le ha granjeado hasta ahora gran
entusiasmo entre otros países europeos respecto al escudo,
que protegería a una parte del continente, pero dejaría
fuera a España y Portugal, por ejemplo.
La canciller alemana, Angela Merkel, ha dicho
que el sistema debería estar integrado en la estructura
de la OTAN, en lugar de funcionar en base a acuerdos bilaterales
de Washington con Praga y Varsovia.
Estas
diferencias, junto con los desacuerdos sobre qué hacer
para detener el cambio climático, auguran que Bush deberá
sudar la gota gorda en la gira que comienza hoy, que se plantea
como una de las más difíciles de su mandato. EFE