Al emitir
su sentencia, el juez encargado del caso, Reggie Walton, dijo
que "la gente que ocupa este tipo de posiciones, en las que
tienen el bienestar y la seguridad de la nación en sus
manos, tienen la obligación especial de no hacer nada que
pueda causar un problema".
Libby se mantuvo
tranquilo al escuchar cómo el juez afirmaba que las pruebas
no dejaban lugar a duda sobre su culpabilidad.
Además
de los 30 meses de cárcel, Walton condenó a Libby
a pagar una multa de 250.000 dólares.
Una vez que
haya cumplido la pena, el ex asesor de la Casa Blanca quedará
en libertad condicional durante dos años, precisó
Walton.
El juez no
especificó una fecha para que Libby entre en prisión,
aunque dijo no ver razones para dejar que el ex alto funcionario
permanezca en libertad a la espera de posibles apelaciones.
El magistrado
indicó, de todos modos, que aceptará argumentos
por escrito sobre ese asunto y que se pronunciará al respecto
más adelante.
Está
previsto que Libby dé a conocer sus planes sobre una posible
apelación en una audiencia la próxima semana.
En un breve
alegato antes de que el juez anunciara su decisión, el
ex alto funcionario, que siempre ha reiterado su inocencia, pidió
que no se le condenara a prisión: "espero que este
tribunal tenga en cuenta, además del veredicto del jurado,
toda mi trayectoria".
Libby presentó
en su apoyo varias cartas de diferentes funcionarios de la Casa
Blanca y el Departamento de Estado que recordaban la asistencia
dada por este ex alto cargo durante la Guerra Fría y la
Guerra del Golfo.
Por su parte,
el fiscal especial asignado al caso, Patrick Fitzgerald, pidió
una sentencia ejemplar en el caso y que se impusieran a Libby
hasta tres años de cárcel.
"Tenemos
que dejar claro que la verdad importa, y mucho", aseguró
Fitzgerald.
El caso comenzó
en 2003, cuando el columnista Robert Novak publicó en un
artículo el nombre de Plame y reveló que había
recibido la información de dos altos cargos de la Casa
Blanca.
La filtración
a sabiendas del nombre de un agente de la Agencia Central de Inteligencia
(CIA) en activo puede ser delito en Estados Unidos, por lo que
el presidente George W. Bush ordenó que se abriera una
investigación sobre el caso.
Hasta el momento
no se han presentado cargos contra nadie por la filtración
en sí, que Plame y su esposo, el ex diplomático
Joe Wilson, consideran que tuvo motivaciones políticas.
Bush, que
como jefe de Estado tiene el poder de conceder un perdón
presidencial al ex alto funcionario, no intervendrá en
el caso por el momento, a la espera de posibles apelaciones.
"El presidente
dijo que se sentía terrible por la familia, sobre todo
por su mujer y sus hijos", dijo Dana Perino, portavoz adjunta
de la Casa Blanca, quien acompaña al mandatario estadounidense
en su gira por Europa.
Pese a ser
poco conocido antes de que se destapara el "escándalo
Plame", Libby fue una de las figuras más poderosas
en la Casa Blanca y jugó un papel clave en el diseño
de la estrategia para Irak.
Lo irónico
de la tragedia de este abogado nacido en Connecticut, casado y
con dos hijos es que es famoso por su discreción.