En
la línea de su predecesor, Juan Pablo II, del que se sentía
muy cercano y que criticó la invasión de Irak, Benedicto
XVI no dejó este asunto de lado en su primer encuentro
con Bush.
El
Papa abogó, según un comunicado de la Santa Sede,
por la negociación regional como solución para el
conflicto en Irak, así como el que enfrenta a israelíes
y palestinos y el que sacude al Líbano.
En
una reunión de unos 35 minutos, Benedicto XVI también
llamó la atención de las "críticas condiciones"
en las que se encuentra la comunidad cristiana en Irak, según
la declaración difundida por el portavoz de la Santa Sede,
el jesuita Federico Lombardi.
La
mano dura de Sadam Husein había protegido a esa minoría
religiosa, que rondaba el millón de personas, de sus vecinos
musulmanes, pero una vez desaparecido el dictador son objeto de
amenazas y violencia, lo que alarma a la Santa Sede.
La
reunión empezó para Bush con un pequeño lapsus
protocolario, ya que al entrar en la Biblioteca Privada del Pontífice,
donde tuvo lugar el encuentro, le llamó "Señor",
en lugar de "Su Santidad", como establece el protocolo.
El
Papa preguntó al presidente sobre la cumbre del G-8, que
tuvo lugar hasta ayer en su Alemania natal y Bush la calificó
como "un éxito". "Hubo un montón
de opiniones diferentes, pero fue buena", añadió.
También
le preguntó a Bush sobre su reunión con el presidente
de Rusia, Vladimir Putin, sostenida en el marco del G-8. Bush
le respondió, con una sonrisa: "Se lo contaré
en un minuto", y esperó a que la prensa saliera del
despacho papal.
En
ese encuentro, Putin propuso a Bush enterrar las discrepancias
sobre al despliegue de un escudo antimisiles y crear un dispositivo
conjunto, pero que no cuente con instalaciones en Europa del Este.
El
resto de la audiencia con el Papa transcurrió en privado.
Poder dialogar con el Pontífice fue la razón principal
de la etapa de Bush en Italia durante su gira europea, según
los expertos, que dudan de que en caso contrario hubiera hecho
escala en Roma, dado que la Casa Blanca usa sus visitas como una
forma de apoyar y recompensar a los Gobiernos que le son afines.
El
que encabeza el primer ministro Romano Prodi, de centro-izquierda,
ha criticado la política de Bush en Irak.
Tanto
Bush como su esposa estaban "deseando" conocer al Papa,
según la Casa Blanca.
Ambos
son cristianos y Bush tiene un vínculo especial con la
religión, con la que se reencontró cuando tenía
40 años, un momento crítico en su vida, pues dejó
la bebida tras un ultimátum de Laura.
El
presidente estadounidense declaró en una entrevista con
la prensa previa al encuentro que iría a la audiencia con
el Papa con "actitud de escuchar".
Además
de Irak, los dos líderes también trataron la situación
en Africa y en Darfur, dos temas donde la posición del
Vaticano y la de la Casa Blanca están más cercanas
que sobre el conflicto en el país mesopotámico.
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Bush
quiere más acciones internacionales contra el Gobierno
de Jartum por la violencia en esa región, que ha
calificado de "genocidio".
América
Latina también estuvo presente en las conversaciones,
según el comunicado.
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Lombardi
precisó que en los coloquios se examinaron asimismo temas
morales y religiosos, "entre ellos los referentes a los derechos
humanos y a la libertad religiosa, la defensa y la promoción
de la vida, el matrimonio y la familia, la educación de
las nuevas generaciones y el desarrollo sostenido".
Tras
la conversación privada, el Papa y la familia Bush intercambiaron
regalos, como es costumbre.
El
presidente le entregó al Pontífice un "Bastón
de Moisés", con los diez Mandamientos tallados en
madera, elaborado por Roosevelt Wilkerson, un hombre que vivía
en la calle en Dallas (Texas).
El
Papa, por su parte, le dio a Bush una litografía del Siglo
XVII que representa la Basílica de San Pedro. EFE