La cifra de 16 republicanos es el "número mágico"
que se necesita para sumarlo a los 51 votos con los que cuentan
los demócratas y llegar así a la mayoría
de dos tercios en el Senado, 67 sufragios, requerida para superar
cualquier intento de bloqueo del proyecto de ley.
Bush
hizo estas declaraciones al salir de una comida de trabajo que
mantuvo en el Capitolio con los senadores republicanos, en un
último intento de convencerles sobre la necesidad de una
"reforma migratoria integral" que incluya el refuerzo
de la seguridad en la frontera.
El
tema es tan importante que esta es la segunda ocasión que
Bush se acerca hasta el Capitolio para presionar personalmente
en favor de un asunto desde que llegó a la Casa Blanca.
El
llamado realizado hoy por el gobernante busca impulsar la reforma
migratoria que se estancó la semana pasada en el Senado,
a pesar de contar con su aval.
El
estancamiento del proyecto de ley en la cámara alta ha
llevado a la paradoja de que el propio presidente tenga que animar
a sus correligionarios a que apoyen una iniciativa de inmigración
que supone una esperanza para 12 millones de ilegales que se calcula
viven en EE.UU.
Durante
su viaje de ocho días por varios países europeos,
que concluyó el lunes, el jefe de la Casa Blanca habló
por teléfono con los senadores para que le dieran un empuje
a la medida.
La
cámara alta votó el jueves pasado en contra de una
moción para finalizar el debate sobre el proyecto y proceder
a votarlo, lo que en la práctica permite que el proceso
de presentación de enmiendas se prolongue eternamente y
la iniciativa no se llegue a votar.
El
rechazo, encabezado en su mayoría por republicanos, puso
de relieve las profundas divisiones que la reforma migratoria
suscita en el Legislativo.
En
el encuentro de hoy "algunos senadores se mostraron a favor
y otros en contra. Pero yo les entiendo a todos. Sé que
es un tema sumamente emocional", manifestó Bush.
También
se mostró convencido de que la actual situación
migratoria en Estados Unidos es "inaceptable" y reconoció
que hay que aprobar una iniciativa, pero que para ello necesitan
"mucho esfuerzo".
A
su vez, explicó que la Casa Blanca seguirá implicada
para sacar adelante el proyecto de ley y expresó su confianza
en que el líder demócrata Harry Reid colabore en
sacar adelante la iniciativa.
El
proyecto de ley a debate representa un fino compromiso entre demócratas
y algunos republicanos y abre el camino para legalizar la situación
de los cerca de 12 millones de indocumentados.
Además,
establece un programa de trabajadores temporales como medio
para encauzar la inmigración futura y conciliarla
con las necesidades de las empresas estadounidenses.
Los
sectores más conservadores consideran que los pasos
para la legalización equivalen a una amnistía,
algo que rechaza con vehemencia Bush, que insiste en que
para esa legalización sería necesario pagar
fuertes multas.
En
tanto, los más liberales opinan que la iniciativa
es demasiado gravosa y perjudica a los lazos familiares
de los inmigrantes.
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Durante
esta primera oleada de debate de la medida, los conservadores
lograron varias victorias, como la aprobación de una enmienda
que eliminaba el programa de trabajadores temporales tras sólo
cinco años.
Reid
ha señalado que volverá a presentar en el proyecto
de ley, pero en el momento en que esté seguro de que tendrá
al menos 16 votos republicanos a favor.
La
iniciativa corre el peligro de estancarse teniendo en cuenta que
en agosto el Congreso comenzará sus vacaciones de verano
y en septiembre se espera la evaluación sobre la guerra
en Irak.
Y
después, como ha advertido ya Bush, las mentes de todos
estarán ya en la larga carrera hacia las elecciones presidenciales
de 2008. EFE