Además
de llegar a un vasto público, provocó saludables
polémicas y las inevitables diatribas en un continente
'idiotizado' por la prédica ideológica tercermundista,
en todas sus aberrantes variaciones, desde el nacionalismo, el
estatismo y el populismo hasta, cómo no, el odio a Estados
Unidos y al "neoliberalismo".
Una década después, los tres autores vuelven ahora
a sacar las espadas y a cargar contra los ejércitos de
"idiotas" que, quién lo duda, en estos últimos
tiempos, de un confín al otro del continente latinoamericano,
en vez de disminuir parecen reproducirse a la velocidad de los
conejos y cucarachas, animales de fecundidad proverbial. El humor
está siempre allí, así como la pugnacidad
y la defensa a voz en cuello, sin el menor complejo de inferioridad,
de esas ideas liberales que, en las circunstancias actuales, parecen
particularmente impopulares en el continente de marras.
Pero ¿es realmente así? Las mejores páginas
de El regreso del idiota están dedicadas a deslindar las
fronteras entre lo que los autores del libro llaman la "izquierda
vegetariana" con la que casi simpatizan y la "izquierda
carnívora", a la que detestan. Representan a la primera
los socialistas chilenos -Ricardo Lagos y Michelle Bachelet -,
el brasileño Lula da Silva, el uruguayo Tabaré Vásquez,
el peruano Alan García y hasta parecería -¡quién
lo hubiera dicho!- el nicaragüense Ortega, que ahora se abraza
con, y comulga con frecuencia de manos de su viejo archienemigo,
el cardenal Obando. Esta izquierda ya dejó de ser socialista
en la práctica y es, en estos momentos, la más firme
defensora del capitalismo -mercados libres y empresas privada-,
aunque sus líderes, en sus discursos, rindan todavía
pleitesía a la vieja retórica y de la boca para
fuera homenajeen a Fidel Castro y al comandante Chávez.
Esta izquierda parece haber entendido que las viejas recetas del
socialismo jurásico -dictadura política y economía
estatizada- sólo podían seguir hundiendo a sus países
en el atraso y la miseria. Y , felizmente, se han resignado a
la democracia y al mercado.
La "izquierda carnívora" en cambio, que, hace
algunos años, parecía una antigualla en vías
de extinción que no sobreviviría al más longevo
dictador de la historia de América Latina -Fidel Castro-,
ha renacido de sus cenizas con el "idiota" estrella
de este libro, el comandante Hugo Chávez, a quien, en su
capítulo que no tiene desperdicio, los autores radiografían
en su entorno privado y público con su desmesura y sus
payasadas, su delirio mesiánico y su anacronismo, así
como la astuta estrategia totalitaria que gobierna su política.
Discípulo e instrumento suyo, el boliviano Evo Morales,
representa, dentro de la "izquierda carnívora",
la subespecie "indigenista", que, pretendiendo subvertir
cinco siglos de racismo "blanco", predica un racismo
quechua y aymara, idiotez que, aunque en países como Bolivia,
Perú, Ecuador, Guatemala y México carezca por completo
de solvencia conceptual, pues en todas esas sociedades el grueso
de la población es ya mestiza y tanto los indios y blancos
"puros" son minorías, entre los "idiotas"
europeos y norteamericanos, siempre sensibles a cualquier estereotipo
relacionado con América Latina, ha causado excitado furor.
Aunque en la "izquierda carnívora" por ahora
sólo figuran, de manera inequívoca, tres trogloditas
-Castro, Chávez y Morales-, en El regreso del idiota se
analiza con sutileza el caso del flamante presidente Correa, del
Ecuador, grandilocuente tecnócrata, quien podría
venir a engordar sus huestes. Los personajes inclasificables de
esta nomenclatura son el presidente argentino Kirchner y su guapa
esposa, la senadora Cristina Fernández (y acaso sucesora),
maestros del camaleonismo político, pues pueden pasar de
"vegetarianos" a "carnívoros" y viceversa
en cuestión de días y a veces de horas, embrollando
todos los esquemas racionales posibles (como ha hecho el peronismo
a lo largo de su historia).
Una novedad en El regreso del idiota sobre el libro anterior es
que ahora el fenómeno de la idiotez no lo auscultan los
autores sólo en América Latina; también en
Estados Unidos y en Europa, donde, como demuestran estas páginas
con ejemplos que producen a veces carcajadas y a veces llanto,
la idiotez ideológica tiene también robustas y epónimas
encarnaciones. Los ejemplos están bien escogidos: encabeza
el palmares el inefable Ignacio Ramonet, director de Le Monde
Diplomatique, tribuna insuperable de toda la especie en el Viejo
Continente y autor del más obsecuente y servil libro sobre
Fidel Castro -¡y vaya que era difícil lograrlo!-
;y lo escolta Noam Chomsky, caso flagrante de esquizofrenia intelectual,
que es inspirado y hasta genial cuando se confina en la lingüística
transformacional y un "idiota" irredimible cuando desbarra
sobre política. La Madre Patria está representada
por el dramaturgo Alfonso Sastre y sus churriguerescas distinciones
entre el terrorismo bueno y el terrorismo malo, y los Premios
Nobel por Harold Pinter, autor de espesos dramas experimentales
raramente comprensibles y sólo al alcance de públicos
archiburgueses y exquisitos, y demagogo impresentable cuando vocifera
contra la cultura democrática. En le capítulo final,
El regreso del idiota propone una pequeña biblioteca para
desidiotizarse y alcanzar la lucidez política. La selección
es bastante heterogénea pues figuran en ella desde clásicos
de pensamiento liberal, como Camino de servidumbre, de Hayek,
La sociedad abierta y sus enemigos, de Popper, y La acción
humana de von Mises, hasta novelas como El cero y el infinito,
de Koestler, y los mamotretos narrativos de Ayn Rand El manantial
y La rebelión de Atlas (...)
Nada que objetar a la presencia en esta lista de Gary Becker,
Jean F. Revel, M. Friedman y (el único hispano hablante
de la selección) Carlos Rangel, cuyo fantasma debe sufrir
lo indecible con lo que está ocurriendo en su tierra, una
Venezuela que ya no reconocería.
Pese a su buen humor, a su refrescante insolencia y a la buena
cara que sus autores se empeñan en poner ante los malos
vientos que corren por América Latina, es imposible no
advertir en las páginas de este libro un hálito
de desmoralización. No es para menos. Porque lo cierto
es que a pesar de los casos exitosos de modernización que
señala -el ya conocido de Chile y el promisorio de El Salvador
sobre el que aporta datos muy interesantes, así como los
triunfos electorales de Uribe en Colombia, de Alan García
en el Perú y de Calderón en México que fueron
claras derrotas para el "idiota" en cuestión-,
lo cierto es que en buena parte de América Latina hay un
claro retroceso de la democracia liberal y un retorno del populismo,
incluso en su variante más cavernaria: la del estatismo
y colectivismo comunistas. Ésa es la angustiosa conclusión
que subyace en este libro afiebrado y batallador: en América
Latina, al menos, hay una cierta forma de idiotez ideológica
que parece irreductible. Se le puede ganar batallas pero no la
guerra, porque, como la hidra mitológica, sus tentáculos
se reproducen una y otra vez, inmunizada contra las enseñanzas
y desmentidos de la historia, ciega, sorda e impenetrable a todo
lo que no sea su propia tiniebla.
Por Mario Vargas Llosa