Hoy, como el miércoles pasado en Buenos Aires, la superioridad
sideral abierta por el conjunto argentino sobre el brasileño
fue culpa de Riquelme.
Como un rey Midas, Riquelme convirtió en
oro todo lo que tocó con sus botas.
El jugador del Villarreal, que hoy jugó
su último partido como cedido al Boca y mañana regresará
como hijo pródigo a la selección absoluta, que ya
repudió, dictó los ritmos del juego que le daban
la gana.
A los 69 minutos soltó un remate imposible,
pues sus rivales no lo esperaban, cuando desde la derecha llega
a la esquina del área. Su venenoso impacto pasó
silbando sobre su compatriota, el guardameta Sebastián
Saja, y se anidó en el ángulo opuesto.
A los 81, una combinación en contragolpe
con Rodrigo Palacio terminó con un remate de su compañero
que Saja contuvo a medias. Adivinen qué hizo Riquelme con
el rebote.
La campaña victoriosa del armador pudo
haber sido redonda, pues quedó con ocho goles en la clasificación
general de cañoneros, a dos de Salvador Cabañas,
el líder definitivo.
Cruel, siempre cruel cuando se decide a demostrar
su magia con el balón, lo ató a sus botines, lo
desaparecía y lo volvía a enseñar mientras
emprendía piques cortos entre piernas de adversarios rabiosos
con tamañas osadías.
Ser cazado con violencia hasta parecía
complacer al argentino, pues la reanudación del juego parecía
eterna para los necesitados jugadores del Gremio.
El conjunto de Porto Alegre sufrió en la
final de su irregular campaña los únicos goles en
los siete partidos que jugó en Porto Alegre.
Por culpa de Riquelme también acabó
el invicto de 23 años en el estadio Olímpico que
mantenía desde 1984, cuando perdió otra final de
la Copa Libertadores, curiosamente ante otro conjunto argentino,
el Independiente.
Con todo bajo control, o casi todo, Miguel Russo
debió aplicar correctivos para impedir que el punta Carlos
Eduardo y el lateral Lúcio hicieran estragos por la banda
que cubre el lateral diestro Hugo Ibarra.
El apoyo constante del defensor a la joven figura
del fútbol brasileño dio combustible a las principales
escaramuzas del equipo de Mano Menezes.
Para neutralizar la situación, Russo cargó
a Palacio sobre ese sector. Lucio debió renunciar a la
salida para cuidar al ariete y Carlos Eduardo debió asumir
el papel de un Llanero Solitario, pero sin Toro, pues en el ataque
Tuta deambulaba sin rumbo, afectado quizá por el golpe
accidental que a los dos minutos le produjo una hemorragia nasal.
Con
Palacio y Palermo alternando en el frente de ataque, y Riquelme
impartiendo bendiciones a cada balón que salía limpio
de su defensa, el equipo de veinte participaciones en la Copa
Libertadores comenzó a inquietar la guardia pretoriana
de Saja.
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Dos
cabezazos de Palermo y un remate de Palacio que no entró
por la aparatosa zambullida de Saja y Patricio encendieron
las luces de alarma.
Para
entonces Carlos Eduardo había ensayado un remate
débil que Mauricio Caranta contuvo sin problemas.
Como tampoco tuvo para hacerse con el remate de cabeza de
Tuta.
Los
oportunos cierres de Daniel Díaz y Claudio Morel
Rodríguez en el fondo, Pablo Ledesma, Ever Banega
y Neri Cardozo explican la falta de fuerza de los brasileños
al concluir las pocas jugadas que gestaron.
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Quiso
el destino que Schiavi, campeón con el Boca Juniors de
la Copa Libertadores de 2003, emergiera del banco del Gremio a
los 35 minutos para sustituir al brasileño Teco, que se
lesionó en un forcejeo con Palacio.
El Gremio, que pocas ideas tuvo en el primer tiempo,
pudo haber descontado a los 41 minutos con un remate desde la
izquierda de Diego Souza que explotó en el horizontal.
Una vieja lesión impidió al capitán
Tcheco salir del vestuario y obligó a Mano Menezes a enviar
al delantero Amoroso.
La primera opción de gol en el segundo
tiempo la gestó contra su antiguo equipo el zaguero Schiavi.
Su violento impacto de cabeza sacudió el vertical derecho
de Caranta, que debió jugarse en forma temeraria para rechazar
a continuación la embestida de Diego Souza.
El Gremio cargó sus baterías con
tres premisas, jugar abierto con tres puntas, avanzar con Lucas,
quien marca también como genera juego ofensivo desde el
fondo, y disparar a distancia desde todos los ángulos.
Los primeros minutos parecieron complicados para
la defensa visitante, pero el desahogo se produjo, precisamente
a través de las bandas, con las salidas alternadas de Hugo
Ibarra y Clemente Rodríguez.
Y para minimizar los riesgos, Russo envió
a la cancha a Bataglia en lugar de Cardozo.
El conjunto porteño asumió el control
de todo y en los últimos quince minutos se dedicó
a explotar a placer los contragolpes, donde Riquelme hizo la fiesta
y Palermo, una vez más, como en la Copa América
de Paraguay ante Colombia, cuando perdió tres, hoy demostró
que ejecutar penaltis no es su especialidad.
Alineaciones:
0.- Gremio: Sebastián
Saja; Patricio, William, Teco (m.35, Rolando Schiavi), Lucio;
Diego Gavilán, Lucas, Diego Souza, Tcheco (m.46, Amoroso);
Carlos Eduardo y Tuta. Director técnico: Mano Menezes.
2.- Boca Juniors: Mauricio Caranta;
Hugo Ibarra, Daniel Díaz, Claudio Morel Rodríguez,
Clemente Rodríguez; Pablo Ledesma, Ever Banega (m.82, Sergio
Orteman), Neri Cardozo (m.64, Sebastián Bataglia), Juan
Román Riquelme; Rodrigo Palacio (m.90, Mauro Boseli) y
Martín Palermo. Director técnico: Miguel Russo.
Goles: 0-1, m.69: Riquelme. 0-2,
m.81: Riquelme.
Arbitro: el colombiano Oscar
Julián Ruiz amonestó a Diego Souza, Amoroso, Lucas,
Schiavi y Ledesma.
Incidencias:
partido de vuelta de la final de la Copa Libertadores disputado
en el estadio Olímpico ante 55.000 aficionados, de ellos
2.700 seguidores del Boca Juniors. EFE