La
Casa Blanca, que respalda este proyecto en parte porque podría
ser una de las pocas victorias políticas del presidente
George W. Bush en su segundo mandato, considera que el debate
esta semana "será interesante".
Un
momento clave ocurrirá mañana, cuando los senadores
sometan a votación una iniciativa parlamentaria para limitar
el debate y proceder al voto final que, dependiendo de si reúnen
o no los sufragios mínimos necesarios, podría ocurrir
este jueves o viernes.
El
proyecto legislativo estuvo a punto de naufragar cuando el líder
de la mayoría demócrata del Senado, Harry Reid,
la retiró del pleno el pasado 7 de junio por falta de acuerdo
para poner fin al debate.
Ahora
vuelve a la cámara alta luego de una negociación
tras bambalinas entre demócratas y republicanos para aceptar
a debate una veintena de enmiendas.
La
iniciativa incluye más vigilancia fronteriza, la legalización
de los indocumentados, un plan de trabajadores huéspedes
y un sistema de puntos para futuros flujos migratorios en el que
priman destrezas laborales sobre vínculos familiares de
los solicitantes de la residencia permanente.
El
sentimiento generalizado dentro y fuera del Congreso es que si
no se aprueba la reforma migratoria antes del receso de agosto
próximo, es poco probable que se logre en lo que resta
del calendario legislativo este año.
El
próximo año los legisladores estadounidenses ya
estarán enfocados en los comicios generales.
La
clave ahora está, otra vez, en si los partidarios reúnen
los 60 votos -de un total de 100 senadores- para limitar el debate
a 30 horas y posteriormente votar sobre el futuro de la reforma
migratoria.
Muchos
senadores, la mayoría republicanos, se oponen a la legalización
de los doce millones de inmigrantes indocumentados que se calcula
viven en Estados Unidos, porque consideran que es una "amnistía"
inmerecida.
También
creen que las medidas incorporadas al proyecto de reforma para
aumentar la vigilancia fronteriza son insuficientes.
Por
ello, un pequeño pero ruidoso grupo de detractores ha prometido
torpedear la votación final del proyecto.
En
su alocución radiofónica de los sábados,
el presidente George W. Bush instó a los senadores a que
tengan "coraje político" y aprueben la reforma
migratoria.
Es
al menos la tercera vez que Bush, afectado por bajos índices
de popularidad, azuza a los detractores de la iniciativa y les
pide "coraje" para aprobarla, pero todo indica que sus
palabras han caído en oídos sordos.
Uno
de los detractores, el senador republicano Jeff Sessions, dijo
el domingo a la cadena ABC que el proyecto de ley va camino al
basurero.
"Continúa
la erosión del apoyo de esta medida", observó
Sessions, tras señalar que un creciente número de
senadores clave han decidido retirar su respaldo a la reforma
actual. EFE