El
canciller hondureño, Milton Jiménez, manifestó
"la preocupación del Gobierno porque ciertamente a
estas alturas la cifra" de re-inscritos en el Estatuto de
Protección Temporal (TPS, siglas en inglés) "no
es la más adecuada".
El plazo de re-inscripción para la prórroga
por 18 meses del TPS expirará el próximo día
30 pero, de 78.200 registrados en 2006, sólo 48.000 lo
han hecho de nuevo, explicó Jiménez.
"Quisiéramos superar la cifra de 78.200
que se inscribieron el año pasado, pero es bastante difícil
que en el tiempo que resta podamos lograrlo", admitió.
La prórroga del TPS está vigente
desde el pasado día 5, pero los beneficiados pueden re-inscribirse
durante todo este mes.
Jiménez anunció, en rueda de prensa,
que "el próximo viernes yo estoy saliendo hacia"
EEUU para exhortar a los inmigrantes hondureños, en reuniones
con sus colectivos y por la prensa, a que se registren de nuevo
en el TPS.
Detalló que él irá a Chicago
y Nueva York, mientras que el embajador hondureño en EEUU,
Roberto Flores Bermúdez, se sumará al esfuerzo en
Nueva Orleans y Houston.
El canciller advirtió que quienes no sigan
en el TPS "caen inmediatamente en condición de ilegales"
y aumentará el peligro de que sean deportados.
Muchos hondureños, comentó Jiménez,
se han confiado en espera de "una reforma migratoria"
que proyectaba el Gobierno estadounidense, "pero eso es prácticamente
imposible", pues la iniciativa fracasó en el Senado,
"y lo único que tienen es el TPS" para legalizarse.
Estados Unidos otorgó el TPS en 1999 como
parte de su ayuda a Honduras y Nicaragua a raíz del desastre
que el huracán Mitch ocasionó en ambos países
en 1998, y lo extendió a El Salvador tras los dos terremotos
ocurridos en 2001.
El TPS sólo beneficia a hondureños
y nicaragüenses que hayan llegado antes de 1998 a Estados
Unidos, donde pueden trabajar y gozar de seguridad social sin
ser deportados.
En Estados Unidos viven legal e ilegalmente alrededor
de un millón de hondureños, según cálculos
oficiales.
Para este año las autoridades de Honduras
esperan unos 3.000 millones de dólares en remesas familiares
enviadas por los hondureños que viven en EEUU.