En
1999, las discrepancias entorno a la frontera marítima entre Nicaragua
y Honduras se agudizaron, luego que el Congreso Nacional ratificó
el tratado de delimitación marítima López-Ramírez
con Colombia.
A raíz de ese
acuerdo, las autoridades nicaragüenses entablaron el 8 de diciembre
de 1999 una demanda ante la Corte Internacional de Justicia alegando que
Honduras y Colombia le cercenaban unos 130,000 kilómetros cuadrados
de su plataforma marítima.
Antes de esas discrepancias,
la frontera tradicional entre ambos países centroamericanos ha
sido el paralelo 15, que parte del Cabo de Gracias a Dios, el mismo que
históricamente ha servido de línea divisoria y que la misma
Nicaragua reconoció desde 1906 hasta 1980.
Sin embargo, en su
demanda Nicaragua argumenta que la línea divisoria es el paralelo
17, lo que le cercenaría a Honduras unos 60,000 kilómetros
cuadrados de espacios marítimos, incluyendo los cayos Media Luna,
Sur y Bobel.
El estado hondureño
siempre ha sostenido que la frontera marítima es el paralelo 15
y basa su argumentación en la posesión jurídica,
geográfica e histórica que desde tiempos de la colonia el
país ha ejercido en esa zona.
Una prueba de que
Nicaragua respeta esa zona es que recientemente no adjudicó ninguna
licitación para la exploración petrolera, como sí
lo hizo al sur del paralelo 15.
“Con relación
a la demanda presentada por Nicaragua contra Honduras para la delimitación
de espacios marítimos en el mar Caribe, la situación actual
es de que ese procedimiento a culminado la fase escrita y está
pendiente de que la Corte convoque a las partes para fijar las fechas
de la celebración de las audiencias públicas”, explicó
López Contreras.
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