Después de meses de sequía política, Bush recibió
con agrado una lluvia de verano del Congreso, que le hará
irse con una sonrisa a Texas y que ha dado un nuevo impulso a su
mandato.
Con
la firma de la ley que aplica el acuerdo comercial con Costa Rica,
El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua y la República
Dominicana, Bush alcanza su prioridad comercial para este año.
Aunque
esos países sólo amasan un Producto Interno Bruto
(PIB) conjunto de unos 90.700 millones de dólares, la Casa
Blanca había indicado que el rechazo al acuerdo pondría
en peligro las negociaciones del Area de Libre Comercio de las Américas
(ALCA) y la Organización Mundial de Comercio (OMC).
Bush
acudió en la última semana al argumento de seguridad
nacional para convencer a algunos republicanos recalcitrantes de
que votasen a favor del pacto.
En
un corto discurso antes de firmar la ley que aplica el acuerdo,
Bush insistió en que América Central y la República
Dominicana "todavía se enfrentan a fuerzas que se oponen
a la democracia, quieren limitar la libertad económica e
introducir una cuña entre Estados Unidos y el resto de las
Américas".
"Al
fortalecer a la democracia en la región, CAFTA-DR (siglas
en inglés del tratado) aumentará la seguridad de nuestra
nación", reiteró Bush.
El
acuerdo entrará en vigor el 1 de enero gracias a los dos
votos de diferencia -217 a 215- que dieron la semana pasada la victoria
a la Administración en la Cámara de Representantes.
El
Senado había ratificado el pacto el 30 de junio por 54 votos
a favor y 45 en contra.
La
rúbrica de Bush pone fin a la batalla más intensa
en el Congreso en torno a un acuerdo comercial desde que se negoció
el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN)
entre EEUU, México y Canadá.
La
legislatura, que está dominada por los republicanos, también
aprobó la ley energética, que estaba pendiente desde
el inicio del primer mandato de Bush.
Y
el presidente designó directamente el lunes a John Bolton
como embajador ante la ONU, saltándose al Senado, donde la
ratificación del cargo llevaba meses atascada.
Bush
no ha logrado todo lo que se ha propuesto, pues la violencia continúa
en Irak, su plan para privatizar parcialmente el sistema de pensiones
no acaba de convencer a los estadounidenses y la mayoría
de los republicanos no quieren ni oír hablar de su propuesta
para regularizar la situación de millones de trabajadores
indocumentados.
Incluso
así, sus perspectivas políticas son mucho mejores
que hace tan sólo un mes.
Tras
una victoria electoral indiscutible en noviembre -al contrario que
la de 2000- Bush había prometido usar su "capital político"
para conseguir sus metas.
Pero
celebró su cumpleaños el 6 de julio con las manos
vacías y los expertos elucubraban que había intentado
abarcar mucho y por eso apretaba poco.
Con
sus triunfos recientes las cosas han cambiado y Bush ha disipado
la impresión de que era un "pato cojo", como se
le dice en Estados Unidos al presidente que ha perdido su peso político
y es incapaz de lograr sus objetivos.
En
Crawford se dedicará a montar en bicicleta y disfrutar del
campo, a pesar del calor aplastante que padece Texas en verano.
No
obstante, para que sus cinco semanas de vacaciones no le parezcan
ofensivas a sus conciudadanos, la Casa Blanca ha enfatizado que
en agosto Bush seguirá trabajando desde Crawford y visitará
numerosos estados.
De
hecho, Bush tiene previsto recibir el jueves en su rancho al presidente
de Colombia, Alvaro Uribe.
Los
estadounidenses en general sólo reciben dos semanas de vacaciones
al año y cuando el presidente se tomó su largo descanso
por primera vez en 2001, provocó un gran revuelo.
Ahora
la prensa parece haber aceptado el argumento de Bush de que ser
presidente "es un trabajo duro", un trabajo que en las
últimas semanas sí le ha dado frutos. EFE
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