En
el día en que cumplió 79 años y en la vigilia
del primer aniversario de su Pontificiado, Joseph Ratzinger ofició
como Papa su primera Misa de Resurrección y dijo en su
mensaje que el mundo actual está marcado por la inquietud
y la incertidumbre y que los que aún viven bajo las cadena
del sufrimiento y la muerte aguardan la esperanza de Cristo resucitado".
Benedicto
XVI hizo un recorrido por todos los continentes y la palabra que
más pronunció fue paz.
"Que
en Irak prevalezca finalmente la paz sobre la trágica violencia,
que continúa causando víctimas despiadadamente",
señaló Benedicto XVI en la misma línea que
Juan Pablo II, quien se opuso con todas sus fuerzas a la guerra
contra ese país, al considerar que sólo dañaba
al pueblo ya castigado tras más de una década de
embargo económico.
Su
mirada se detuvo también en Tierra Santa y reiteró
la posición oficial de la Santa Sede sobre el derecho de
los palestinos a tener un estado independiente y a la seguridad
de Israel.
"Deseo
ardientemente la paz para Tierra Santa. Invito a todos a un diálogo
paciente y perseverante que elimine los obstáculos antiguos
y nuevos. Que la comunidad internacional, que reafirma el justo
derecho de Israel a existir en paz, ayude al pueblo palestino
a superar las precarias condiciones en que vive y a construir
su futuro encaminándose hacia la constitución de
un auténtico y propio Estado", afirmó.
El
Papa tocó otro de los graves problemas con los que se enfrentan
la sociedad internacional: la crisis de la energía atómica
desencadenada, sobre todo, por Irán.
Sin
nombrar al país islámico, Benedicto XVI dijo: "por
lo que respecta a las crisis internacionales vinculadas a la energía
nuclear, que se llegue a una salida honrosa para todos mediante
negociaciones serias y leales".
También
abogó para que se refuerce en los responsables de las Naciones
y de las Organizaciones Internacionales la voluntad de lograr
una convivencia pacífica entre etnias, culturas y religiones,
que aleje la amenaza del terrorismo.
"Este
es el camino de la paz para el bien de toda la humanidad",
afirmó el Papa, quien en su discurso no olvidó América
Latina, el continente de la esperanza, como le llamó Juan
Pablo II, y Africa, donde mueren millones de personas en medio
del olvido del mundo.
Para
América Latino pidió un renovado dinamismo en el
compromiso de sus países "para que se mejoren las
condiciones de vida de millones de ciudadanos, extirpada la execrable
plaga de los secuestros de personas, y consoliden las instituciones
democráticas, en espíritu de concordia y de solidaridad
activa".
Refiriéndose
a Africa, pidió "consuelo y seguridad", en especial
para Dafur, "que atraviesa una dramática situación
humanitaria insostenible", la región de los Grandes
Lagos, "donde muchas heridas aún no han cicatrizado",
el Cuerno de Africa, Costa de Marfil, Uganda, Zimbabwe y otras
naciones "que aspiran a la reconciliación, a la justicia
y al desarrollo".
El
Pontífice abogó para que por todas partes del planeta
se propague la vida, la paz y la libertad y exhortó a la
humanidad del tercer milenio a "no tener miedo" y a
abrir el corazón a Cristo, "que sacia de paz y felicidad".
Antes
del mensaje pascual, Benedicto XVI ofició la misa de Resurrección
en la plaza vaticana, adornada con miles de flores multicolores,
sobre todo rosas, lirios, margaritas, violetas, tulipanes y narcisos,
que la convirtieron en un jardín.
Concluido
el mensaje, el Papa impartió la bendición "Urbi
et Orbi" (a la ciudad de Roma y a todo el mundo) en 63 idiomas,
entre ellos el español y el portugués.
"Os
deseo a todos una buena y feliz fiesta de Pascua, con la paz y
la alegría, la esperanza y el amor de Jesucristo Resucitado",
dijo el Papa en español, en medio de los aplausos de los
presentes. EFE