Hasta
el momento se desconoce el impacto real que el boicot tuvo en
la economía, algo que no se podrá determinar hasta
pasado un tiempo. Sí está claro que los sectores
más afectados fueron aquellos donde trabajan más
inmigrantes, como la agricultura o la restauración.
Las
marchas, según los datos de la Policía de los distintos
estados, movilizaron a cerca de 1,1 millones de personas en todo
el país, en especial en ciudades de gran población
hispana, como Los Angeles o Chicago.
El
llamado "Día Sin Inmigrantes" acaparó
también la cobertura de los medios de comunicación.
A
juzgar por la división de opiniones expresada en los medios,
sin embargo, no parece que la cuestión vaya a resolverse
a corto plazo.
"Las
advertencias acerca de un boicot de inmigrantes que paralizaría
la economía ayer, no se concretaron en la realidad",
indica hoy el editorial del diario "The New York Times",
que consideró que "la economía sobrevivió".
"Pero
lo que quizá no sobreviva es la mala comprensión,
deliberada, acerca de la naturaleza del movimiento por los derechos
de los inmigrantes", añadió.
"El
mensaje, apuntado a Washington pero que también debería
atender el resto del país es claro: 'Somos también
EEUU. Queremos unirnos al país'", dijo.
Por
contra, el periódico "The New York Post" declaraba
que "cientos de miles de personas lanzaron lo que equivalió
a una pataleta en todo el país en un esfuerzo no muy sutil
de invalidar la ley".
"Las
protestas pretendían granjear simpatía hacia los
inmigrantes. En cambio, recordaron a todos la urgente necesidad
de que EEUU se haga con el control de sus fronteras", agregó.
Pese
a esta división de opiniones, la movilización civil,
según algunos la mayor en el país desde la guerra
de Vietnam, ha dado nuevas energías al movimiento pro inmigrante,
que ahora encara el desafío de cómo convertir ese
entusiasmo en beneficios políticos duraderos.
Los
movimientos pro inmigrante aseguran que en los próximos
meses su estrategia se volcará en la inscripción
de votantes en el censo electoral, en movilizarles para las primarias
que se celebran en junio en diversas circunscripciones del país
y en ayudar a inmigrantes legales a hacerse ciudadanos.
Según
declaró Hilda Delgado, del Sindicato Internacional de Empleados
de Servicio en Los Angeles, "éste es sólo el
principio".
"Ahora
tenemos que dedicar toda esta energía a empezar las inscripciones
en el censo para enviar un mensaje claro a favor de la reforma
migratoria al Congreso", indicó.
Las
marchas, que se desarrollaron en su mayoría pacíficamente,
tenían como objetivo exigir una reforma migratoria amplia
y condenar el proyecto de ley aprobado en la Cámara de
Representantes, que criminaliza a los inmigrantes indocumentados
y quienes les ayuden.
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El
Senado debate otro proyecto de ley, más benévolo,
que aunque endurece las medidas de seguridad en la frontera
regulariza la situación de buen número de
los cerca de doce millones de inmigrantes indocumentados
que se calcula que viven en EEUU.
El
presidente de EEUU, George W. Bush, apoya ese proyecto de
ley, que prevé la creación de un programa
de trabajadores temporales, una de las soluciones por las
que él ha abogado.
Según
declaró hoy el portavoz presidencial, Scott McClellan,
"el Senado está a punto de avanzar. Ya hay un
acuerdo que ha llegado al pleno. Ahora es el momento de
aprobarlo y armonizarlo" con la Cámara de Representantes.
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McClellan
reconoció que "llevará tiempo resolver los
detalles", las diferencias entre los dos proyectos de ley
en el Senado y la Cámara, pero "esperamos poder empezar
a resolver algunos de los detalles y lograr la aprobación
de una legislación amplia".
Si
las marchas del lunes han galvanizado a los inmigrantes, también
parecen haber surtido el mismo efecto en sus opositores.
El
grupo "Minutemen", que organiza patrullas de ciudadanos
para vigilar la frontera, tiene previsto comenzar mañana
una caravana de costa a costa del país, que comenzará
en Los Angeles y concluirá en Washington el próximo
día 12. EFE