La noticia
y toda su carga psicológica llega en un momento políticamente
delicado para la Administración Bush, que se plantea en estos
días anunciar un cambio de estrategia en Irak.
Este
mes, el presidente podría anunciar un aumento temporal del
contingente de tropas en el país para intentar controlar
la violencia insurgente que se registra a diario.
La
Casa Blanca se ha visto obligada a abandonar su política
de "seguir el rumbo" iniciado en Irak ("stay the
course") ante el rechazo de la mayoría de los estadounidenses
a la guerra, que fue uno de los factores principales de la derrota
de los republicanos en las elecciones legislativas de noviembre.
La
oposición al conflicto ha crecido incluso entre las filas
militares, donde el apoyo a Bush se había mantenido alto
pese a su caída entre la población general.
Una
encuesta de los periódicos del grupo "Military Times"
reveló que por primera vez hay más soldados que se
muestran contrarios a la política en Irak de su comandante
en jefe que los que la respaldan.
Mientras
que en el 2004, un 83 por ciento de los sondeados creía que
el éxito en Irak era probable, esa cifra se ha reducido al
50 por ciento.
Actualmente,
un 42 por ciento de los militares rechaza la política de
Bush en Irak, frente al 35 por ciento que la aprueba, y tan sólo
un 41 por ciento opina que Estados Unidos hizo bien al invadir el
país mesopotámico, frente al 65 por ciento que lo
creía en el 2003.
La
encuesta fue realizada antes de la ejecución del ex dictador
Sadam Husein, pero al contrario que su captura, los estadounidenses
no han acogido su muerte como una razón para el optimismo.
Un
día después de su ahorcamiento el sábado, la
cifra de soldados estadounidenses muertos en Irak alcanzó
los tres mil, con lo que ha superado el número de fallecidos
en los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos.
Scott
Stanzel, un portavoz de la Casa Blanca, dijo hoy que el presidente
"garantizará que su sacrificio no sea en vano".
"Los
hombres y mujeres valientes de las fuerzas armadas de Estados Unidos
luchan contra los extremistas para impedirles que nos ataquen en
nuestro territorio de nuevo", afirmó, en referencia
a los atentados del 11 de septiembre.
Diciembre
fue el mes más sangriento para las tropas estadounidenses
en los últimos dos años, puesto que sus bajas sumaron
más de 100.
Además,
entre 52.000 y 58.000 civiles iraquíes han muerto en la guerra,
según iraqbodycount.org, una organización dedicada
a contabilizar las muertes.
Las
asociaciones pacifistas han lanzado una nueva campaña de
oposición al conflicto al alcanzarse la barrera de los 3.000
fallecidos, la cual culminará en una manifestación
el 27 de enero en Washington.
"En
lugar de dejar a Bush aumentar el nivel de tropas en Irak, el Congreso
debería financiar la salida rápida de todas las tropas
estadounidenses de Irak", dijo Judith LeBlanc, de United for
Peace and Justice, uno de los grupos que organiza la protesta.
Por
su parte, Bush prometió que en el 2007 "seguiremos con
la ofensiva contra los enemigos de la libertad, fortaleceremos la
seguridad de nuestro país y trabajaremos por un Irak libre
y unificado", según indicó en su mensaje de fin
de año.
Bush
volverá hoy de su rancho de Crawford (Texas), donde ha pasado
las vacaciones navideñas, y visitará junto a su esposa,
Laura Bush, la capilla ardiente del ex presidente Gerald Ford, instalada
en la Rotonda del Capitolio.
Pero
ni allí podrá olvidarse de Irak. El republicano Ford,
quien murió el 26 de diciembre a los 93 años de edad,
dijo en una entrevista que la administración de Bush cometió
un "gran error" en su justificación de la invasión
de Irak.
De
haber sido él presidente, "no creo que hubiese ido a
la guerra", afirmó. La entrevista sólo se ha
divulgado tras la muerte de Ford, a petición suya. EFE
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