Nuestros vecinos izquierdistas
    
  • “Ser de la izquierda es, como ser de la derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser imbécil”.

18 de enero de 2007

La cita es tomada de ‘La rebelión de las masas’, la obra más conocida de José Ortega y Gasset. Veamos cómo ese calificativo viene como anillo al dedo al quinteto que han conformado Fidel Castro, Hugo Chávez, Evo Morales, Daniel Ortega y Rafael Correa. ¿En qué consiste su izquierdismo?


Lo primero, en ser enemigos de EE.UU. Falso. Los más duros enemigos de ese país fueron Hitler y Mussolini. Y nadie ha ubicado a la izquierda al nazismo ni al fascismo.

Lo segundo, en enfrentarse al FMI. Falso. Todavía se recuerdan vivas las contradicciones del general De Gaulle con el Fondo, y en América fue Carlos Lleras Restrepo el que primero se rebeló contra sus órdenes.

Cuando en 1966 el Fondo le ordenó a Colombia una devaluación masiva, Lleras lo denunció por tratarnos “sin ninguna consideración ni respeto por la equidad y la justicia”. Lo mandó a freír espárragos, dispuso el control cambiario en el Decreto 2867 de aquel año y se inventó la devaluación gota a gota, que le copiaron en buena parte del mundo capitalista de la época.

Lo tercero, en nacionalizar los bienes estratégicos de la producción. Falso. Esa imbecilidad ya fue cometida por la derecha. Después de la Segunda Guerra Mundial, todos los países de Europa Central se apropiaron de las líneas aéreas, los bancos, las fábricas de automóviles, las de telefonía y minería.

El problema después fue desnacionalizar, comprobado el desastre que produjo esa tontería. Todavía, algunos países mantienen jurásicas compañías estatales, focos de ineficiencia y fuentes de pérdidas. Alitalia será privatizada en breve, cuando el poderoso fisco italiano ya no tiene cómo alimentarla. Y en América Latina, fuimos campeones en esa estrategia, comprobadamente suicida.

Lo cuarto, en no pagar las deudas. Eso no es ser de izquierda, sino ladrón. Y nadie se atrevería a sostener que todos los ladrones han sido y son de izquierda. Los gobiernos de Chávez y Castro no son modelos de pulcritud y el primero de Ortega ha sido de los más corruptos de América, acaso comparable con el de Somoza, un bello ejemplar de la derecha ladrona.

Pero además de ladrón, el que por izquierdista se queda con el dinero de los acreedores, merece el calificativo de imbécil. El que piense que puede sobrevivir sin crédito es un tonto.

Lo quinto, es confiscar el petróleo y los recursos mineros. Vieja tentación a la que sucumbieron regímenes de ambos lados, con resultados igualmente desoladores.

Lo sexto es ahuyentar la inversión extranjera, porque compromete la soberanía y es el detestable estiércol del imperio. Con ese estiércol han salido y están saliendo de la pobreza Singapur, Hong Kong, Malasia, Tailandia, Chile y México. Nosotros hacemos lo que podemos para que nos manden de ese abono y no hay un solo país que haya salido de pobre sin capital extranjero.

Nada de la receta política de estos quíntuples es nuevo. Pero todo es torpe y anacrónico. Pobres países los nuestros, víctimas de la más infecta demagogia, a la que llamó el propio Ortega: “Una forma de degeneración intelectual”.

 

 
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